jueves, 28 de noviembre de 2013

Razones para volver al mismo lugar de siempre

En una cena con una entrañable amiga que también escribe (ella escribe novelas y  artículos para la prensa), creció una conversación en torno a este oficio de escribir (entre otros temas más allá de la literatura). Uno escribe, decía ella, uno escribe y revisa y edita y publica y gana premios y luego qué queda. (Había una medalla colgando cerca de la estufa, un premio por una de sus novelas.) Sí, queda la obra, quedan los libros almacenados, queda la trayectoria... pero y si uno se detiene, si uno deja de escribir porque sabe que cada día son menos los lectores que tenemos (en el mundo, quiso decir, y  lo decía por la fuerza que han tomada la tecnología y el escaso interés de muchos hacia el libro editado en papel). Ya casi nadie se interesa en comprar literatura, dijo, y agregó lo del cierre de varias librerías por falta de venta.
Pero a uno siempre le queda algo de duda, uno siempre va en busca de nuevas respuestas, pienso yo.
Uno escribe, escribe por años, volvía a decir ella, logra que se vendan algunos ejemplares, y luego regresa, luego regresa al mismo sitio de siempre, a la mesa de trabajo, ante el ordenador, sabiendo que tal vez ya nadie se interese en aflojar del bolsillo algo de dinero para comprar literatura.  Pero regresa al sitio de siempre porque es imposible sobrevivir de brazos cruzados, es imposible que el autor viva sin ejercer su oficio. El camino es largo y hasta puede que ingrato, el camino es infinito, pero uno escribe, sigue escribiendo tal vez para uno mismo, no importa, uno escribe ya por placer, por esa fuerza que nos hace sentarnos ante el ordenador, a poner orden en nuestras propias ideas, intentado dar algo nuevo al mundo.

Un abrazo,
I.Hernández

martes, 26 de noviembre de 2013

Pero hay días en que uno se levanta y ...

Pero hay días en que uno se levanta y no le corre ni una idea por la cabeza. Se muestra parco ante la hoja de papel, digo, ante la pantalla del ordenador. Se inicia una oración para estimular un poco el intelecto, pero se queda corto: la materia gris gravita en su órbita nada celestial.
Por lo que hay días, en total, en que uno desea tomar un receso e irse lejos ante algún  lago escondido entre las montañas (...). Allá en donde ni el sonido del viento se oye y uno cree estar mucho más próximo a Dios.
No todos los días a uno le funcionan iguales, no todos los días uno recurre al mismo mecanismo de creación: una taza de café, una botella de alcohol, una ventana abierta a un paisaje cualquiera...
Con una taza de café en la mano, como un vicioso en una mañana cualquiera de invierno, y cuando afuera hay un frío que quema la cara, uno intenta mejorar el día con esta simple nota demasiado personal, por el puro placer de organizar las ideas, las palabras que van aliniándose mientras uno las piensa...

Otro abrazo,
I.Hernández