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viernes, 19 de diciembre de 2014
sábado, 2 de febrero de 2013
Edelmis Anoceto Vega “Poesía es igual a las mejores experiencias, en las mejores palabras en el mejor orden”
Edelmis Anoceto Vega (Santa Clara, Villa Clara, 1968), poeta
cubano, ganador de varios premios de poesía y décima, llama la atención
por la forma en que concibe la poesía. Cantos del bajo delta (1998), Mortgana (2002), La cólera de Aquiles (2005) y Desertor del cielo
(2007) son algunas de sus obras publicadas. De su poesía se dice que
“se caracteriza por la alternancia de las estrofas clásicas (soneto y
décima) y el verso libre (...). Así como son frecuentes en sus poemas
los cuestionamientos existenciales del hombre...”. Por razones como
estas su obra merece nuestra atención. De ahí mi interés por esta
entrevista.
Desde tu criterio, ¿cuál sería tu sinónimo de poesía?
Es una pregunta que se ha hecho a muchos poetas, y comúnmente éstos responden con alguna frase poética. Al respecto es célebre la disquisición de Octavio Paz al inicio de su ensayo “Poesía y poema”. Pero si lo que buscamos es un sinónimo entonces el campo de definición se reduciría a una palabra, lo que lo haría mucho más difícil, por lo que sería mejor aquí eludir ese sondeo. Lo primero a tener en cuenta es que eso que llamamos poesía es en sí algo que tiene como esencia precisamente su condición de indefinible, de misterio que nunca llega a revelarse, sino a anunciarse. Mejor decir como Lezama: “Ah, que tú escapes”.
Sabemos que la poesía no es únicamente la expresión de la belleza por medio de las palabras; no es el poema, éste es una manera más que tiene la poesía de manifestarse, como lo puede ser el cuadro o la pieza musical. La obra artística, sea cual fuere su género, se diferencia del resto de las obras humanas necesariamente por su componente poético.
Cuando en el hombre se da una manera peculiar y “otra” de percibir el mundo, la humanidad y la vida, suceso que produce en su espíritu una especie de movimiento, de sacudida, extrañamiento, sobrecogimiento, y además ese hombre es capaz de comunicarlo, estamos en presencia de la poesía. Este es un proceso único e irrepetible en cada individuo. Por eso se dice por ejemplo que la poesía es conocimiento, pero un conocimiento del ser interior, un descubrirse en esa forma peculiar, individual y enriquecedora sobremanera. Se revela un modo de ser en —y relacionarse con— el mundo, que es diferente en cada individuo. Ese conocimiento del “yo” produce una suerte de liberación comparable sólo con la experimentada por el místico al entrar en contacto con la divinidad. Es un proceso en el que se llega a la plenitud a través de la percepción creativa. No estamos hablando de mera percepción o mera creación, sino de un proceso extraordinario que implica ambas cosas.
Según Coleridge, poesía es igual a las mejores palabras en el mejor orden. Y yo agregaría —con permiso—: poesía es igual a las mejores experiencias, en las mejores palabras en el mejor orden.
...¿Y el de literatura?
Asumo que hablamos de lo que conocemos como literatura artística y que comprende categorías como ficción, lenguaje imaginativo, tratamiento especial de la lengua, subversión del discurso ordinario, Les Belles Lettres, etcétera.
Los juicios de valor acerca de la literatura y el arte en general varían según las necesidades epocales, y en ese sentido podemos decir que la literatura es una convención. Por supuesto, las instituciones educacionales y culturales históricamente han emitido criterios de valor jerarquizantes que tienen en su trasfondo ideologías, iglesias, políticas...
También las personas llaman literatura a aquellos escritos que hoy les parecen de valor y que les resultan gratos. Así han desfilado por esa categoría tanto las tiras cómicas, los guiones cinematográficos o El origen de las especies, de Darwin. Las crónicas de revistas sensacionalistas, por ejemplo, cada vez incorporan más elementos de ficción y técnicas narrativas, y los mensajes publicitarios acuden a recursos del lenguaje poético, sin embargo no son considerados literatura.
Para decirlo medio en broma, la literatura es todo aquello que constituye campo de estudio de la teoría literaria, disciplina mucho más exacta, y por lo tanto más definible, que su objeto.
Eres editor, traductor literario... pero sobre todo eres un poeta. ¿Qué hallas en la poesía como género literario que la has asumido con rigor?
A mi entender, en la práctica requieren mayor rigor las labores de edición y de traducción que la de la creación poética. Esta última es más libre en tanto es mucho más individual, es lo que mencionaba antes de indagación en el “yo”. En la edición y la traducción estoy sujeto a un texto ajeno que ya establece una especie de poder, es como una jurisdicción que no se puede violar, o se puede violar sólo hasta cierto punto. También están las exigencias extracreacionales: debes entregar el texto traducido o editado a la editorial y esto supone una disciplina.
La creación poética sólo demanda rigor en el orden de la convicción, la consagración, la sinceridad, la vocación, la ética. Muchos presumen que escribir poesía es un acto sencillo, un hobby, como un entretenimiento, algo que podemos hacer con la mano izquierda, en los ratos libres. Eso puede ser, pero creo que entonces no estaríamos hablando de un verdadero poeta. Para el poeta de rigor —creo que esto ya lo escribí—, la poesía es una cuestión de vida o muerte. Se trata del centro de la existencia. Y casi siempre es un proceso agónico, desgarrante; lo es porque el poeta no debe demostrar su condición sino a sí mismo. Una cosa es ser poeta y otra “la vida literaria”, o sea la socialización.
¿No tienes pensado escribir narrativa?
Tengo una novela terminada y dos cuentos para niños. Pero no tengo apuro en que vean la luz. El hecho de haber escrito esas obras ha sido muy gratificante, eso es lo más importante. El escritor tiene que tener mucha seguridad en sí mismo, y sobre todo estar satisfecho con su labor sin que nadie venga a decirle que ha escrito una gran obra, puesto que el escritor, el literato verdadero, ya conoce las grandes obras de la literatura, o su gran mayoría, y podrá valorar, sin pretensiones y con sinceridad, la suya propia.
Por otro lado yo asumo mi escritura toda como creación poética —con las especificidades escriturales que demanda cada género, por supuesto—, porque, como dije, la poesía es esencia en toda obra artística. De hecho estas obras narrativas tienen como centro y fondo la poesía, de manera implícita.
Hasta la fecha has publicado varios libros de poesía, como por ejemplo, Cantos del bajo delta (1998), Mortgana (2002) y Desertor del cielo (2007), entre otros... De tus obras publicadas, ¿tienes preferencia por alguna...?
No podría preferir uno entre los libros que he publicado, cada uno tiene una significación especial, no comparo uno con otro. Siento cierto apego por los dos decimarios: La cólera de Aquiles y El sueño eterno, por estar escritos en esa estrofa que tanto quiero y respeto, y por comunicar cosas y estados que no comunican mis libros en verso libre, estados cercanos al dolor, sobre todo. Creo que de todos mis libros prefiero los que están inéditos, Agujero negro, por ejemplo, uno que está a punto de salir por la Editorial Oriente, y otro decimario: Cansado de soñar todo, que cierra el ciclo de los dos anteriores.
Los libros son como las etapas de la vida, no tiene mucho sentido preferir una sobre otra, porque en la práctica ninguna se puede repetir.
¿Qué necesitarías para escribir? ¿Tienes algún método, algún sitio preferido que te ayuda a escribir?
Soledad. Quiero decir, en el momento y en el lugar donde escribo necesito estar solo, que siempre es en mi estudio-dormitorio, generalmente en las mañanas. Cuando estoy en algún proyecto de libro escribo desde el amanecer hasta la media mañana, y cuando es un texto ocasional, un artículo, por ejemplo, lo hago en cualquier momento. Escribo con mucha dificultad, y no me gusta hacer bocetos, ni tampoco dejar una idea u oración a medias. Reviso constantemente lo que estoy escribiendo. Como todos los días debo caminar mucho, tengo tiempo para pensar, eso me ayuda sobremanera.
¿Quién es Edelmis Anoceto Vega? ¿Podrías dejarnos ver al poeta bien adentro?
Edelmis Anoceto Vega es un hijo de torcedores de tabaco, santaclareño el padre y manicaragüense la madre; ¿sorprende a alguien que se haya convertido en escritor? ¿Acaso no es lo más natural? Si Edelmis Anoceto Vega fuera sólo un licenciado en lengua y literatura inglesas seguramente estaría en una universidad o, como muchos de sus condiscípulos, trabajando en el turismo, o enseñando inglés; no sería alguien en que se conjugan la cultura del rock, el dominio de una lengua extranjera, la simpatía por los poetas ingleses románticos y victorianos, un poco de vida bohemia, bastante de escepticismo; no sería alguien que ha aprendido a amar y a valorar lo tradicional cubano, lo guajiro que encarna su familia materna, la décima... y sobre todo no sería alguien que ha aprendido a trabajar sin descanso, a emprender siempre un nuevo proyecto.
¿Autores preferidos? ¿Alguno ha influenciado de alguna manera en tu obra?
Son muchos, y todas las lecturas nos van formando una noción acerca de lo que es la literatura, los géneros, sus fronteras y relaciones, nociones y concepciones. Lo más importante es descubrir uno mismo qué es la literatura, y ésta está en el principio: los textos bíblicos, Homero, Dante, Shakespeare, los románticos ingleses, el Siglo de Oro español, los simbolistas franceses —esto no es una receta—, después toda lectura aporta, enriquece, complementa, pero en el principio está la verdad. Eso fue lo que nos enseñó T. S. Eliot al considerar los ismos de la literatura inglesa como una desviación e ir directamente a la tradición poética europea para dialogar con ella. Nos dijo simplemente que hay que subvertir la tradición para que luego ésta te acoja. Los clásicos no son algo que un literato pueda obviar. No tiene sentido hacerlo.
Si la poesía (casi) ha sido relegada para darle paso a la novela, ¿persistirías en hacer poesía?
¿De qué poesía y de qué novela estamos hablando, de qué contexto? No creo que la poesía (como género) haya sido relegada para dar paso a la novela (como género), ni siquiera (casi). Eso sucede sólo en el campo del mercado editorial; sólo en ese terreno un género puede relegar a otro. Todos los años se celebran festivales de poesía como el de Medellín, se realizan compilaciones importantes como el anuario The Best American Poetry, se otorgan premios relevantes a poetas, sin que ello disminuya o minimice otro género.
Pongamos un ejemplo: ya en el período isabelino Inglaterra fue llamada por el auge de su expresión poética A nest of singing birds, y en los dos siglos subsiguientes no fue menos, sin embargo en el XIX, dadas las crecientes exigencias editoriales, la poesía fue “relegada” a material de relleno en las revistas, a tal punto de que casi ningún poeta —excepto los dos grandes: Tennyson y Browning— emprendiera una obra poética extensa. El poeta no se ocupa de esas cosas, el poeta persiste siempre en hacer poesía.
(Entrevista publica en OtroLunes, y Letralia)
lunes, 29 de octubre de 2012
ARÍSTIDES VEGA CHAPÚ: «DOY MI PALABRA, ESA NOCHE ME VISITÓ MARÍA TERESA VERA»
El narrador y poeta Arístides Vega Chapú (Cuba, 1962), a quien he entrevistado con anterioridad para este Diario, tiene a su haber nuevas ediciones de sus novelas Un día más allá (Editorial El Barco Ebrio), y, Steinway & Sons (Editorial Atmósfera Literaria).
Un diálogo con el autor de poemarios como Sagradas Pasiones (Letras Cubanas,
2005), o Dibujo de Salma (Capiro, 2006; Letras Cubanas, 2008) nos revela su
experiencia y expectativas en torno a estos trabajos recientes.
Tardé años en escribir Un día más allá. Estaba
en busca de muchas respuestas, tratando de entender el país en que vivo, el
prometido y el real, y canalicé toda esa búsqueda a través de esta novela. En
ella hay varios personajes, de edades y oficios diferentes, que revelan, a
través de sus vidas, esas distintas miradas que pueden existir de una misma
realidad.
No encontré otra manera de responderme a mí
mismo y con ello testimoniar lo vivido por la mayoría de los cubanos en las
últimas décadas. Todo cuanto cuento en el libro es testimonial. Es una historia
ficcionada, sobre sucesos reales.
¿Quién es Panchuco, o
el Gordo? ¿Y quién el hombre del barrio Versalles, allá en Matanzas?
Panchuco, o el Gordo, el protagonista, es el
único personaje verdaderamente real. Hay diálogos que incluso transcribí
textualmente de varias entrevistas que le hice a esta persona.
Yo trabajaba en los años noventa en una
librería en Matanzas que aún existe, en la Calle Medio. Un día llegó una
persona con un disco de acetato de la cantante Farah María y le preguntó a una
compañera de trabajo si esa cantante era conocida. Y Farah no sólo lo era, sino
que yo estaba seguro de que no había cubano, viviera donde viviera, le gustara
o no, que no la conociera, por lo que le presté atención a ese diálogo que no
comprendí. Así, hasta que mi compañera me explicó que esa persona había
empezado a trabajar hacía poco de comercial. Es decir, que tenía la
responsabilidad de distribuir los libros y discos que cuando aquello se
comercializaban a través de la Empresa del Libro, y que antes de eso se había
pasado más de treinta años encerrado en su casa, después que triunfó la
revolución, cuando por homosexual fue expulsado de la Universidad. No conocía
nada de lo que había ocurrido durante los años de su encierro. Había
sobrevivido vendiendo los muchos bienes de su familia, de una clase media
bastante acomodada.
Como supondrás, me acerqué a él, que ya era de
por sí un personaje de novela. Y todo lo que me reveló durante el curso de
nuestra amistad, que duró hasta su muerte, aparece en Un día más allá.
Él estuvo de acuerdo en que usara su verdadero nombre, e incluso el sobrenombre, Panchuco, por el que lo conocían sus allegados.
Cuando lo visité por primera vez en el barrio
de Versalles, frente a la bahía de Matanzas, su esplendida casa ya estaba
depredada. Lo había vendido todo, menos su cama y alguna que otra pertenencia
imprescindible.
A los cinco o seis
años de edad tu abuela paterna te lleva al restaurante Monseñor para
presentarte a Bola de Nieve, quien, junto a su piano, te saluda amablemente.
Pero tu abuela te lleva por una razón: a ella le resultaba gracioso que siendo
un niño te gustara la música del Bola… ¿Qué hallabas de especial en las
canciones del inolvidable Ignacio Villa?
Supongo que ver a un negro gordo, risueño y
expresivo cantar con una voz muy parecida a la de un ser común y no a la de un
cantante, es una imagen atractiva para cualquier niño. Una de las ventajas de
esa edad es que para llegar a fijarse en algo, considerar algo atractivo, uno
no se tiene que responder ninguna pregunta. No creo que el niño que fui
entonces pueda responderte ahora esa pregunta, pero sí puedo asegurarte que en
cuanto Bola aparecía en el viejo televisor americano que entonces había en mi
casa, yo dejaba lo que estaba haciendo
para venirlo a escuchar, con una atención que a toda mi familia le llamaba
–precisamente- la atención.
Dedicaste un año a
estudiar las vidas de Bola de Nieve y Eva Perón para escribir la novela. ¿Cómo
es eso de que Evita asiste a un concierto de Bola en Buenos Aires? ¿Tiene más
fuerza la ficción que la realidad, o es la realidad la que le quita el espacio
a la ficción?
Estuve en Buenos Aires en una emisora de radio
en la que Bola de Nieve había grabado varios temas. No llegué allí por
casualidad, sino que me llevaron dado mi interés personal por Bola. Estando en
la emisora, supe que Eva Perón, cuando aún no era conocida ni llevaba ese
apellido, había trabajado como actriz en los años en que Bola había grabado
allí.
Fue entonces que se me ocurrió ficcionar una
relación entre estos dos personajes tan distintos y distantes, por lo que tuve
que leer e investigar sobre la vida de Eva Perón, de la que sabía muy poco.
La trovadora María
Teresa Vera también aparece como personaje…
Ninguna canción me conmueve más que Veinte
años. Mi abuelo materno gustaba mucho de la trova tradicional cubana y en su
casa todas esas grandes voces se escuchaban diariamente. Crecí escuchando a
María Teresa, por lo que su voz está entre mis afectos más cercanos. Panchuco,
por su parte, la conoció y trató personalmente. Así que no tuve más remedio que
convertirla en personaje. En el libro hay un diálogo entre los dos. Cuando lo
intentaba escribir, no lograba que María Teresa hablara con voz propia, es
decir, con la que yo imaginaba que era su voz. Estaba muy agotado, pues
escribía de noche y madrugada, en jornadas que podían alcanzar diez o más
horas. Y no me complacía lo que lograba escribir en voz de María Teresa. Cerré
los ojos con la intención de visualizarla. Cerca de mi mesa de trabajo tenía
varias fotos de ella. Hubo un momento que tuve la certeza de que alguien se
había acomodado en el butacón cercano a donde yo trabajaba. Puedo asegurarte
que cuando levanté la vista fue a ella a quien vi, sentada allí.
No necesité ni entonces ni ahora explicación
alguna. Pero puedo dar mi palabra de que esa noche me visitó María Teresa Vera.
Fue una imagen real, que no me sorprendió, ni
me sobrecogió, como si hubiese sido lo más normal de la vida. Pude detallarla
con meticulosidad. A partir de ese instante, que no sé cuánto pudo durar,
escribí con soltura todo lo que de ella aparece en Un día más allá.
La historia está llena
de música y de figuras de nuestra cultura.
En mi familia no hay escritores, sino músicos.
Mi tía abuela, Rita Chapú, tenía un conservatorio. En su casa conocí de niño a
muchos músicos, algunos muy importantes. Mi mamá y su hermana, mi tía Ana, son
graduadas de piano. En mi casa siempre se escuchó música. Eran frecuentes las
tertulias en que mi tía Ana tocaba el piano y mi abuela y mi mamá cantaban. Las
lecturas llegaron después. Mi sensibilidad, creo, se estimuló primero con la
música. Por eso en mi poesía y en todo cuanto he escrito hay tanta referencia a
ello.
En el caso de Un día más allá, Panchuco era un
gran conocedor de la música cubana y poseía la colección de discos de acetato
más grande que yo haya visto. Me era imposible obviar todo ese mundo sonoro.
¿Podrías contarnos un
poco de la historia y los personajes de tu segunda novela, 'Steinway &
Sons'?
La
novela Steinway & Sons, que he tenido la suerte de publicar en la
editorial madrileña Atmósfera Literaria, recrea algunas historias familiares.
Soy descendiente de árabes que se establecieron en Cuba en el siglo pasado, en
la novela hablo de una familia que se
crea a partir de la llegada de Petrus Giaburt, un árabe llegado a Nueva York en
mil ochocientos y pico que establece vínculos amorosos con la famosa cantante
Sarah Bernhardt, fruto del que nace Osmerut Giaburt. De la historia de su
descendencia, que en los años cuarenta del siglo pasado se establece en Cuba,
donde la sorprende el triunfo de la revolución, sale la trama de esta historia
que termina en los años ochenta, cuando el masivo éxodo de El Mariel. En esta
familia, como en la mía, hay varios músicos. Y en la novela estos se relacionan
con grandes músicos de la época: Bola, Rita Montaner, Esther Borja, María
Teresa y muchos más que se convierten en personajes.
En Santa Clara, la ciudad donde nací y vivo, se
estableció esta familia de origen árabe y de nacionalidad norteamericana. Allí
fundan un conservatorio de música, intervenido al triunfo de la revolución,
como todos los grandes y pequeños negocios particulares que existían entonces.
Intenté escribir una historia que, pese a referir sucesos traumáticos y
difíciles, fuera contada de manera divertida. Una historia en la que se
escuchara mucha música y que provocara muchas sonrisas.
Ahora podré saber, de los lectores, si lo logré
o no.
¿Expectativas…?
Siempre que se publica un libro se abre un
camino para encontrar nuevos lectores. Creo que no hay nada que me interese más
que encontrarlos, que compartir con cualquiera esa visión del mundo que uno
tiene la posibilidad de exponer cuando es escritor. Yo sólo he querido
testificar sobre el tiempo que me ha tocado vivir y no hay nada que me
complazca más que intercambiar esas experiencias.
¿Complacido con las
ediciones de las dos novelas?
La mayoría de los libros que he publicado han
sido editados por amigos o personas con las que sostengo una cercanía. Por eso
he estado muy cerca del proceso de edición. Ahora he tenido la suerte, a través
del correo electrónico, de mantener una comunicación con la editorial y con
todos los que han trabajado en mi libro.
Con Atmósfera Literaria ha sido un proceso muy
rico del cual he quedado no sólo complacido, sino agradecido. Hasta localizaron
un piano de la marca Steinway & Sons, de una cubana residente en Madrid,
que tuvo la gentileza de prestarlo para una larga sesión de fotos. Con la
imagen del instrumento se logró una bella cubierta. Ambas ediciones me han dado
satisfacciones que desde ya agradezco.
Agosto 2012.
http://www.diariodecuba.com/cultura/12609-aristides-vega-chapu-doy-mi-palabra-esa-noche-me-visito-maria-teresa-vera
miércoles, 26 de septiembre de 2012
martes, 3 de julio de 2012
Sonia Díaz Corrales: «Podría mejorarse el sentido que le damos al bien»
Sonia
Díaz Corrales (Cabaiguán, Cuba, 1964) es autora de los libros de poesía Diario
del grumete, Minotauro y Los días del olvido. Sus poemas aparecen en varias
antologías, tanto en Cuba como en España. Galardonada con el Premio Bustarviejo
de Poesía (Madrid), el Premio América Bobbia (Matanzas), y el Abel
Santamaría (Universidad de Las Villas, Santa Clara). reside en las Islas Canarias, en donde se edita su primera
novela El hombre del vitral, libro sobre el cual hemos dialogado, entre otros
temas.
¿Por qué
escribe Sonia Díaz Corrales? ¿Hallas algo especial en este oficio?
Lo
cierto es que, antes, escribir era un oficio. Los poetas vivían de hacer sus
discursos épicos, de ser poetas o escritores. Simplemente, era un oficio
respetado. Después, igualmente ser un escritor parecía un buen oficio, tanto
que personas que tenían otros oficios se cambiaban a éste, o llevaban éste con
total dignidad a la par de los demás. Desde luego, ahora, contar como oficio el
ser escritor es, si no una falacia, un mal chiste.
¿Por
qué?
Puede
que alguien por su talento, o por esas cosas del azar, consiga ser incluso un
escritor muy cotizado, muy leído, también porque ambas cosas suelen ir de la
mano, generalmente por este orden, en ambos casos. Pero, más que un oficio,
para la mayor parte de los que escribimos, quizás, escribir es un aliciente,
una compensación.
Puede
que incluso estemos pervirtiendo lo de ser escritor. Alguien escribe una
columna de sociedad o de deportes en cualquier diario y ya se le supone
escritor. A lo mejor yo estoy un poco atrasada en lo de saber qué es ser
escritor, de oficio.
¿Un
ejemplo?
Siempre
me gusta poner este ejemplo: si le dices a alguien que eres periodista,
maestro, médico, carpintero, electricista, publicista, te responde:
"¡vaya!, qué bien". Si le dices que eres escritor o poeta, te dirá:
"¡Hum!". Quizás alguien un con un poco de tacto te preguntará:
"Y, ¿has publicado algo?". Porque
en verdad no importa lo que has escrito o si es bueno o no. Lo que importa es
cuánto has publicado, y si vendes eso que publicas. De ahí se sabrá si eres
escritor, de oficio, o no. Si tenemos en cuenta estos parámetros, mi oficio no
es escribir, sino otros que ahora no vienen al caso.
Pero si
escribir fuera un oficio en sí, sin tener en cuenta que publiques o vendas lo
escrito, o incluso si vives de todo menos de escribir, entonces te diría que mi
oficio es escribir, haga lo que haga para la sobrevivencia. Y entonces te diría
que lo más especial de escribir es ese toque inefable de la poesía donde
pareciera que estás suspendido, que no tienes peso, ese espacio
donde te desdoblas para crear los personajes, esas otras realidades que
convierten en trascendente lo que has escrito cuando alguien ríe, se pregunta,
se identifica, disfruta, llora, comparte, recuerda, imagina, saborea, goza,
participa de eso, mientras tú, el escritor, de oficio o no, desapareces.
¿Existe
algo que te llama la atención y te gustaría hacer y no hayas hecho aún?
Música.
Me habría gustado ser músico. Entender la música no desde el lado del que
simplemente escucha, sino desde el que puede diseccionarla, dividirla en frases
comprensibles, comprender los giros.
La
música es como un idioma que no comprendes, solo comprendes la armonía, la
musicalidad el ritmo, el dolor que expresa. La música es como un idioma
extranjero.
Aprender
otros idiomas, entre ellos el de la música, es algo que no he podido hacer.
¿Qué es
lo que más te llama la atención: la poesía o la narrativa?
Yo soy
una poeta. Puede que ahora mismo la narrativa capte mi atención con bastante
fuerza. Pero nunca dejo de escribir poesía. La poesía siempre está. Cuando todo
se ha ido, la poesía sigue ahí. Muchas cosas y personas me han dejado: por la
muerte, por el desamor o por otro amor, porque no han tenido otra opción que
partir. La poesía nunca. La poesía suele ser más visceral.
Recuerdo
que uno de aquellos profesores, casi sagrados que teníamos en los años 80, al
escucharme decir estas cosas, y riéndose de mi "ingenuidad y falta de
criterio", y para hacerme entender que la poesía era también muchas otras
cosas, me dijo: "¿qué dices, que la poesía tiene que ser cardíaca? ".
No sé si
la poesía tiene que ser algo "cardíaco", pero sé que necesita de un
alto contenido de coraje, de heroísmo, de eso perforante que no deja lugar a
dudas: la emoción.
La
poesía y yo a veces disentimos, discutimos, nos echamos en cara unos dolores de
los que cada una cree responsable a la otra, puede que hasta nos abracemos
intentando compensar tanto desastre vital y poético, digo yo para ser muy
cursi, pero nunca ella se ha ido, ni yo tampoco.
La
narrativa es diferente, es más cerebral, menos de mí, y no significa que la
disfrute menos o le dé menos importancia. Cuando empecé a escribir narrativa
fue porque tenía cosas que decir que no podía expresar con la poesía, que
necesitaban más concreción, más volumen, que no podía contener en un poema. He
aprendido leyendo narrativa, escribiendo narrativa, todo lo que puedo contar, y
me gusta. Muchísimo.
Sonia
vista por Sonia...
Soy transparente.
Tímida, guajira, como decimos los cubanos. Algunas veces me siento como si
fuera muy muy vieja. Bastante escéptica, puede que hasta algo desconfiada. En
algunas razones éticas soy tajante, algunos dicen que inamovible, puede que
algo extremista. Y se me da mal lo de conjugar los verbos regulares: amar,
temer y partir.
¿Por qué
se te dan mal en su conjugación?
Por su
significado, que no cambia en cualquier tiempo o modo que los conjugues. El
amor pasado es tan amor como el presente. Partir es igual en cualquier momento
o modo: aun las partidas hacia lo deseado, hacia algo bueno, están rodeadas de
una especie de desprendimiento, de esperanza que la mayor parte de las veces no
se cumple, porque es una esperanza sobrevalorada, porque sigues siendo el mismo
estés donde estés, tendrías que partir de ti hacia otro, para ser otra cosa.
Para
temer tengo una explicación vaga. Pero ya ves cuántas cosas son vagas sin dejar
de ser… El temor es un sentimiento ancestral, que a veces es difícil decir a
qué, por qué, cuánto temes. A veces cambia aquello a lo que temes, con los
años, o la madurez, pero ese temor esencial no cambia.
Lo de
temer, el verbo regular, el temor ancestral, ese temor ancestral es el miedo,
que convierte a los seres humanos en bestias, y a las bestias en obedientes
seres capaces de todo. La mayor parte de la personas temen a la muerte. Si
pensamos que "la materia no se crea ni se destruye, solo se
transforma", estaríamos hablando de temor a una especie de eternidad, ir
de un estado a otro, ese cambio del que no sabemos nada, y esto sería una gran
contradicción, que la muerte sea una especie de inmortalidad.
Si me
preguntaras a que temo, yo te diría que temo a la mentira. Me espanta lo que
consigue, la manera en que nos manipula y convierte en lo que nunca quisimos
ser. Le temo a la perversión de lo que hago o digo, es tan fácil dar falso
testimonio de los otros, decir que han hecho, expresado o pensado. Creando
confusión, se te podría atribuir la caída de Roma. Cualquiera de todas las caídas.
Todas, incluso.
En uno
de tus poemas que he leído y me ha llamado la atención dices: "Todos me
mandan fotos/ Carlos Fuentes manda a Frida muerta/ como la vio el lente
insólito de Laura Díaz". ¿Alguna predilección por esta novela de Carlos
Fuentes?
La predilección
por lo bien escrito… En esos días, la muerte andaba cerca, me rondaba en todas
partes, amigos entrañables, gente a la que no conocía más que por sus escritos,
pero igualmente me eran entrañables, incluso algún desconocido que decidió irse
a la muerte cerca de mí.
Este
poema, que se llama "Donde un reverso de foto nos devuelve la
memoria", y que está dedicado al poeta Reinaldo García Blanco, está
escrito a imitación, mala imitación, de su "Reverso de foto", que me
sorprendió mientras leía a Carlos Fuentes, su novela Los años con Laura
Díaz, en la que también ronda la muerte,
las fotos de los muertos… Pero sobre eso quise poner lo único que tenía: la
vida.
Dice el
poema: Ah, la muerte/ tu foto y su reverso. Me gusta más la vida que las
fotos/ la vida/ siempre lleva un larguísimo endoso en el reverso.
¿Autores
preferidos?
Muchos,
si hablas de autores de literatura. Van cambiando. Unas veces Michael Ende o
Umberto Eco. Otras Alessandro Baricco.
Otras Marguerite Duras o Virginia Woolf. Otras Louis-Ferdinand Céline o
Almudena Grandes. A veces Sor Juana, o Juana de Ibarbouru, Carilda Oliver, la
gran Dulce María Loynaz o Delmira Agustini. Puede que Rafael Alcides, Fayad
Jamís. O Walt Whitman, Paul Valéry, Arthur Rimbaud. O Fernando Pessoa, Jorge Luis
Borges, Antonio Skármeta o Jane Austen. Milan Kundera o Françoise Sagan o
Antonio Tabucchi. Octavio Paz o Boris Vian. José Ángel Buesa o los hermanos
Grimm. Patrick Suskind o Aldous Huxley. Y esto se haría interminable si no paro
ahora.
Cada
autor tiene su atractivo, depende la época de mi vida, si leo o releo un libro.
De algunos prefiero un libro en particular o un poema, un relato o apenas uno
de esos párrafos que se te instalan en la memoria para siempre.
Lo
cierto es que no he leído tanto, si un libro no me gusta lo dejo y me da igual
quién lo escribió. Puedo darme esos lujos. Quiero decir que: soy libre de esa
especie de prejuicios que empiezan con: ¿pero no has leído a…?
¿Y
alguno que haya influenciado en ti?
Todos.
Unos más, otros menos. Pero todos me dejan algo.
¿Preferencia
por alguno de tus libros publicados…?
Cada
libro tiene su particular encanto. Pero si voy a preferir alguno… por ese
encanto que rodea no solo lo escrito, sino el resultado final, la edición, el
cuidado, la belleza adicional que todo libro se merece, me quedo con dos de mis
libros de poesía: la preciosa edición que hizo Ediciones Vigía de Diario del
grumete, en Matanzas, en 1996, y la igualmente cuidada y querida edición de
Noticias del olvido, que salió en Editions Hoy no he visto el paraíso,
ilustrada por Margarita García Alonso, por cortesía de ella misma, como
editora, y con la ayuda del poeta y narrador Amaurys García Calvo. Ambos
iluminaron de manera tremenda esa publicación. Ella fue paciente y amable,
sumamente creativa. Él fue crítico, y práctico, incondicional al respecto de lo
que hizo en la composición. Aprovecho para agradecerles, siempre.
En 2010
publicas tu novela El hombre del vitral, ¿qué significa para ti este libro?
Es la
segunda novela que he escrito, y fue un punto de partida. La primera, El puente
de los elefantes, es un escrito con el que siempre sigo inconforme. Es lo
primero que escribí en el género de narrativa, y supongo que sigo
rescribiéndola de vez en cuando.
Algunos
relatos que andan por ahí, y que un día serán un libro, tendrán que esperar un
poco aún.
Pero El
hombre del vitral, es eso que quieres sacar ya de tu espacio, lo cual significa
que de algún modo estás satisfecho con lo que has logrado. Para mí es ese libro
atemporal, conciso, que te permite hacer catarsis sobre unas preocupaciones en
particular, que te reafirma como mutante, que te deja segura de que puedes
hacer otras cosas. Probablemente significa que, además de poeta, quisiera ser
narradora.
¿Puedes
contarnos un poco del nuevo libro que preparas?
Una
novela coral. Reúne al azar, a cinco personajes tan diferentes entre sí, tan
lejanos en relación a la edad, el origen, la educación, las creencias o la
falta de ellas, las profesiones, todos alrededor de un evento fatal que ocurre
con un niño.
Estas
personas, todas ellas tocadas por el abandono y la indiferencia, la mentira, la
guerra, pero también por la música, la pasión, la compasión hacia los otros, y
sobre todo por su propia soledad, descubren que la soledad transcurre como la
vida, ocupa todo el tiempo si no consigues encontrar a tus semejantes.
Las
Guerras Mundiales, La Guerra Civil Española, La Guerra de Angola, otros eventos
violentos y tristes, ven cruzar a estos personajes
por sus espacios. El abandono les marca, pero encontrarse unos a otros les
salva y compensa.
¿En
serio te es difícil entenderte con la tecnología, según he leído en otra
entrevista, y que por esta razón no tienes un blog o una página web?
Cierto.
Los que me conocen sabe que soy una nulidad en relación con la tecnología. A
veces he pensado en una web, pero más que nada para ofrecer servicios de
corrección y revisión de textos, o talleres de escritura. Disfruto bastante y
me distraigo, además de lo que aprendo, revisando textos. Quizás es que extraño
los talleres que hacíamos antes, donde,
que te señalaran algo, normalmente, era un buen síntoma: tu texto
merecía la atención de quien le señalaba ese algo.
Lo del
blog: más que poca habilidad para la tecnología, es una especie de apatía. No
puedo sentirme atada al compromiso de actualizar un espacio, de responder a las
demandas de los lectores que, en el caso de los blogs, pueden llegar a ser
perversos, insaciables, y a veces ofensivos.
Prefiero
el anonimato del libro impreso. Si llegara el caso de serlo, el lector que
tiene conmigo el acuerdo tácito de la libertad, que no tiene la obligación de
ser crítico, ni adulador, ni de expresar de inmediato comentarios provocativos,
para patentar que está enterado, que es culto, que tiene opinión.
Reconozco
que pueden ser útiles el blog o la web a quien tiene demasiadas cosas que
compartir y no tiene otro espacio. No es mi caso. Respeto muchísimo a los que
leen, no quiero obligarles a leerme o a detestarme mandándoles mis post. No soy
tan abundante ni escribo tanto, o tan interesante, como algunos amigos que
consiguen escribir sobre todo de manera entretenida, creativa, y grata.
Desde
1998 vives fuera de Cuba: ¿Hay algo que echas de menos de la Isla?
Cuando
alguien me hace esta pregunta siempre intento ser sincera, y realista. Extraño
a ciertas personas que viven allá, y a quienes quiero. Extraño un tronco de
almácigo que se llenaba de orquídeas enormes, violetas y que tenían un raro
perfume de canela. A veces extraño a quien era yo cuando vivía allí. Pero sé que
si viviera allí igual extrañaría a ésa que era yo, porque no creo que fuera aún
la misma. Y claro, echo de menos y recuerdo muy a menudo a una persona
inteligente que me decía siempre un viejo refrán: "No sirve de nada llorar
sobre la leche derramada".
¿No has
podido buscar sustituto para aquel tronco de almácigo que se llenaba de
orquídeas?
A lo
mejor es que me ha abandonado el ángel de las orquídeas, no lo sé. Ahora que lo
pienso… nunca se me ha ocurrido que aquellas pudieran ser sustituidas.
¿Cómo valoras
tu vida actual en las Islas Canarias?
Aquí está mi familia. Y normalmente no tengo mucha vida
social. Pero lo cierto es que mi vida ocurre casi todo el tiempo dentro de mí:
en Cuba, en las Islas… o en donde quiera que he estado. Esa vida tiene el valor
que le dan los eventos: pensamientos, disfrutes, dolores, pérdidas, lecturas,
amores…
Valorar
la vida propia puede tenderte trampas y preferiría no hacer eso. Sigo viva,
agradecida por, y a pesar de todo.
¿Existe
algo en Cuba que quisieras se eliminara, otra que mejorara, y una tercera,
se bendijera?
No me
veo con la potestad de cambiar, mejorar o bendecir algo. Parece pretencioso que
yo, que no me quede allí, crea que puedo cambiar algo, o incluso opinar sobre
lo que ocurre allí. Por lo tanto, mi opinión no pretende nada fuera del hecho
de ser una opinión personal.
Estoy
muy poco enterada de lo que ocurre en Cuba o en otros sitios. Y mi opinión
sobre cambiar, mejorar o bendecir cosas es de valor discutible, no solo por la falta
de información, sino por mi modo particular de ver el mundo, pero…
Eliminaría
el Servicio Militar Obligatorio.
Eliminaría
esas organizaciones de masas que solo cumplen funciones populistas y
ponzoñosas. Y creo que eliminaría definitivamente las discordias insalvables
que han separado a familias enteras, a amigos entrañables, a amantes casi
novelescos, y han convertido la vida privada en algo inexistente. También
eliminaría la politización de toda la sociedad civil.
Creo que
se podría mejorar el sentido que damos al bien. A veces hemos confundido el
bien ético, con el concepto de bien que se establece, con el coqueteo que nos
beneficia en el plano personal y alimenta nuestro ego. Hemos convertido el bien
en otra clase de despotismo.
Siempre
he creído que el bien produce bien, y éste a su vez más bien. Pero los cubanos
hemos confundido los beneficios personales, las ventajas a veces inmerecidas
con el bien. El bien es que esté bien yo y lo mío vaya bien, aunque para ello
muchas personas tengan que sufrir. Ese egoísmo es lo que hemos confundido con
el bien, y ciertamente hay situaciones que pueden crear confusión en este
aspecto, pero no justificación.
No creo
en el bien que produce el colectivo, del que tanto se habla. Creo que el bien
parte del individuo, que solo el individuo en su crecimiento puede generar un
tipo de bien que sana y fructifica, que produce bien a nivel social.
Esto
vale para todos los hombres y sitios, no solo para los cubanos. Pero creo que
entender y modificar esto serviría de mucho.
Bendeciría
el don de la creatividad y la supervivencia del cubano, ese que parece a veces
que se extinguirá.
Bendeciría
el don de la solidaridad, aunque cada vez se vuelva más interesada.
Bendeciría
esa condición del aire en el campo después de la lluvia, cuando sale el sol, no
sé si lo has notado, pero es límpido, transparente, brillante.
¿Algo en
especial que te hayan aportado estas Islas Canarias a tu trabajo como
escritora?
Quizás
la perspectiva que tienes cuando te vas a vivir a un sitio nuevo, diferente de
Cuba o de Costa Rica donde viví antes. Quizás la oportunidad de publicar El
hombre del Vitral.
(Entrevista publicada en http://www.diariodecuba.com/cultura/11595-podria-mejorarse-el-sentido-que-le-damos-al-bien)
jueves, 31 de mayo de 2012
Desde el Centro de Formación Literaria "Onelio Jorge Cardoso"
El Centro de Formación Literaria "Onelio Jorge Cardoso", en La Habana, comparte la entrevista «Un Oficio que me hace feliz», realizada al escritor Antonio Álvarez Gil, y que me ha sorprendido hallarla en el siguiente enlace que comparto en este post.
http://www.centronelio.cult.cu/index.php?option=com_content&task=view&id=1231&Itemid=62
http://www.centronelio.cult.cu/index.php?option=com_content&task=view&id=1231&Itemid=62
domingo, 27 de mayo de 2012
Manny López: «Prefiero crear que destruir»
"A veces todo sale en inglés, o a medias, o no sale: I
would have to say I am an eternal researcher, someone with an
incredible memory, an avid collector, a man with an unquenchable thirst
to know more, to learn more every day…". Así se define
Manny López (Morón, Cuba, 1969), poeta, activista cultural y fundador de
la Galería Zu en Miami. En septiembre de 2011 publicó su primer libro
de poesía Yo, el arquero aquel, con Editorial Velámenes, tema, entre otros, del que habla en esta entrevista...
Llegas a Estados Unidos con diez años de edad. ¿Qué recuerdas de cuando saliste de Cuba?
Recuerdo que como niño al fin, cuando mi madre me dijo que nos íbamos, le dije que no me iría; esa fue la primera reacción. Yo era feliz en mi mundo, no conocía otra cosa, lo que tenía me parecía grandioso, los amigos, la escuela, los reglazos que le daba a los muchachos que repasaban en las tardes en el portal del patio... También recuerdo el día que nos fuimos, en cada esquina de cada pueblo que pasábamos había un coro griego que lanzaba las mismas palabras, palabras de odio, porque no sonaban nada agradable.
¿Llegaste solo o con tus padres? ¿Cómo fueron tus primeros tiempos en Estados Unidos?
Vinimos cinco. Mis padres y mis hermanos. Siempre me he adaptado rápidamente. Me sentí raro los primeros meses porque no hablaba inglés y al principio cuando nos reuníamos con primos, ellos, todos nacidos aquí, hablaban en inglés, y nosotros nos quedábamos en el aire. Pero me di a la tarea de aprender el idioma lo antes posible.
Aquí también sufrimos eso de las palabras feas. ¡Oh claro que sí! Recuerdo como los familiares en tono de juego nos decían "los escorias". Y en la escuela los que habían nacido aquí nos decían "refs", de refugiados, de forma despectiva.
Pero el tiempo pasó, y vino otra ola de cubanos, a quienes les dijeron "balseros".
Hace apenas unos meses publicas tu primer poemario 'Yo, el arquero aquel', bajo el sello editorial Velámenes. Has dicho que leyendo la poesía de tu amigo Juan Carlos Valls te llegó el impulso o la necesidad de tener tu propio libro, tu primer poemario. ¿Recuerdas algún poema en especial que te motivó?
No fue exactamente así como ocurrieron las cosas. Desde niño escribo para mí, como forma de terapia. Nunca había pensado que podía hacerlo profesionalmente, que lo que tenía que decir podía llamarle la atención a nadie. Tomaba un taller de poesía con la poeta Elena Tamargo, y una madrugada, leyendo la poesía de Juan Carlos Valls, sentí un dolor profundo en el pecho y pensé que me estaba dando otro ataque al corazón.
Pero al comentarle a Elena lo que me había pasado, ella me dijo: "No confundas esto que te ha pasado, esto es algo mucho más grande, esto es un llamado".
Y así ha sido. Ha sido el despertar que necesitaba, el impulso a atreverme a dejar que los demás me vean completamente desnudo a través de la poesía. Lo de publicar el libro vino mucho después. En ese momento no pensaba en nada más que en escribir, y en los momentos que vivía entonces. Pero sí recuerdo un poema en específico. He leído un poema de Diane Wakoski. Específicamente estos versos: pasarán veinte años/ y este poema será desempolvado/ por un muchacho a quien la gente/ (con el mismo cuchillo con que cercena/ el pan de cada día)/ habrá herido y dibujado una ventana/ para que otros pájaros/ violentados por la misma ironía de las palabras/ pongan en peligro la belleza del mundo.
¿Contaste con el apoyo o la ayuda de alguien en particular para preparar 'Yo, el arquero aquel'?
Elena me editó el libro. Lo revisó desde el principio. Adalberto Guerra también lo revisó, y amigos que leyeron mis poemas: Karin Aldrey, Juan Carlos Valls, Pedro Assef.
¿Tienes algún poema favorito de los que has recogido en el libro?
Este libro es un recuento de lo que me tocó vivir en un tiempo, el despertar a la poesía, los deseos de amar, y pedazos de momentos claves en mi vida que necesitaban tener un fin. Y aquí los logré cerrar.
Todo el libro está conectado. Es una historia de principio a fin. Me siento orgulloso de estos retoños. Hay uno en específico que quiero mucho...
¿Cómo se titula?
"He decidido perderme en poemas".
¿Y por qué lo prefieres?
Porque fue uno de los primeros poemas que escribí. Y porque el día que lo leí en público por primera vez, vi la reacción de alguien del público, y sentí que mis versos le hablaban.
En 2006 fundas la Galería Zu, un espacio alternativo en Miami. Allí organizas actividades hasta 2010. ¿Qué es lo más provechoso que pudieras decirnos en relación a ese trabajo de cuatro años?
Aprendí muchísimo. Conocí mucho de esta ciudad y de sus habitantes, cosas que no conocía de primera mano, solo de bocas ajenas. Conocí gente bella, a algunas de esas personas que hoy ocupan un lugar importante en mi vida. Descubrí que soy mucho más fuerte de lo que pensaba, y de lo que pensaban algunos. Le di el espacio que debía ocupar la poesía en mi vida. Fue muy buena experiencia.
¿Y qué es lo peor que recuerdas, si es que puedes contarnos?
No recuerdo nada malo ahora mismo... Hasta el cierre se ha convertido en algo positivo en mi vida.
Afortunadamente para los ávidos de encuentros literarios en Miami has vuelto con un nuevo espacio, esta vez en la Alianza Francesa. Cuéntanos de este Proyecto Zu, y lo que ocurrirá allí el tercer jueves de cada mes.
Es un proyecto que ya había empezado en diciembre del 2010, y que en el pasado septiembre tomó un descanso. Ahora vuelven esas Noches Literarias en la Alianza, que serán los terceros jueves de cada mes, y que ya están totalmente programadas hasta diciembre.
¿Piensas invitar solamente a poetas?
No, aquí habrá espacio para la literatura en general. Pero la poesía siempre viene primero en lo que hago.
Con este Proyecto Zu, ¿cuáles son las metas que te has trazado?
Seguir con lo que empecé en la Galería, una noche al mes donde las personas puedan venir a escuchar poesía, narrativa, en fin, donde puedan pasar unas horas agradables, y aprender a la vez, conocer escritores, y que los escritores encuentren nuevos lectores. Un círculo. Esto es un círculo donde todos salimos ganando.
¿Quiénes son esos autores o poetas que ya has programado para las Noches Literarias?
Estoy abriendo este ciclo con Aymara Aymerich (abril 19), y en mayo estará Emilio García Montiel, y en junio Félix Lizarraga...
¿Qué es lo que te hace crear estos espacios culturales en Miami?
La necesidad de devolver algo a esta comunidad, y a la vez hacerlo con algo que a mí me gusta tanto. Añoro espacios como en las grandes ciudades donde existen montones de tertulias y eventos culturales que enriquecen a tantas personas. Además, yo siempre prefiero crear que destruir. Aun con palabras.
¿Esperas algún tipo de recompensa por parte del público asistente a estos encuentros mensuales que planeas?
La recompensa es poder hacer esto, poder hacer lo que me gusta, como he dicho antes. Si vienen y les gusta lo que presenciaron, que pasen la voz. No espero nada más.
¿Tienes en mente escribir o preparar un nuevo libro de poesía?
No he dejado de escribir. Tengo varios proyectos ahora mismo, uno en inglés que casi está terminado.
¿Y por qué has preferido la poesía?
Porque la poesía me escogió a mí, me tomó de la mano y no he podido soltarla. Cada día la necesito más.
¿Dejarías Miami para instalarte en otro ciudad del mundo? De ser afirmativa la respuesta, cuál ciudad sería y por qué.
Sí, de hecho lo he pensado mucho últimamente. No tengo idea de a dónde irme, pero me gustaría mucho que fuera una ciudad del norte, más americana, que es el país donde realmente vivo. Miami, esta ciudad que ha heredado lo mejor y lo peor de Cuba, cada día anda peor, con muy mala energía.
¿Por qué dices eso de Miami?
No es Miami, somos los habitantes, específicamente los cubanos, que seguimos arrastrando los mismos fantasmas, las mismas malas mañas que aprendimos del comunismo, del castrismo, y cada día nos hacen más viles.
¿Te ataría algo a Miami?
Mi familia. Pero ella siempre me ha apoyado en mis decisiones. O sea, que no sería un problema.
Fuiste amigo de la poeta Elena Tamargo. Lamentablemente falleció. ¿Crees que se hubiera podido salvar de su enfermedad? ¿Cuál es el último recuerdo grato que conservas de ella?
No creo que se hubiera podido salvar, y ella lo sabía mejor que todos nosotros, pero Ele ha sido la persona más valiente que he conocido en mi vida. Tengo demasiados recuerdos suyos, y los guardo con mucho recelo, pero cierro los ojos y me viene a la mente su dulce sonrisa, y cómo me apretaba las manos, y el último domingo que habló. Habían unas personas que vinieron a rezar por ella, y ella estaba cansada y quería estar a solas conmigo y con Ena Columbié, que también estaba en ese momento, y me decía: "mijito tú me entiendes, ve y dile a la enfermera que ya puede venir, tú me entiendes". Y yo en el aire, hasta que me di de cuenta. Y, bueno, las personas se fueron, y ella, como hacía días que no la veía, me dijo: "ve y dile a Yvonne López Arenal que aquí esta Elena Tamargo, la próxima actriz de Akuara Teatro". Y nos reímos como niños traviesos.
¿Has vuelto a Cuba?
No he vuelto.
¿Desearías ir?
Muchas veces he tenido el mismo sueño: me bajo de un taxi a una cuadra de la que era mi casa y camino mirando de lado a lado, pero ya no conozco a nadie, ya no son las mismas personas que dejé. Entonces despierto y se me quitan las ganas. Serán miedos. Pero los deseos de volver han ido disminuyendo.
(Entrevista publicada en http://www.diariodecuba.com/cultura/10715-manny-lopez-prefiero-crear-que-destruir)
Llegas a Estados Unidos con diez años de edad. ¿Qué recuerdas de cuando saliste de Cuba?
Recuerdo que como niño al fin, cuando mi madre me dijo que nos íbamos, le dije que no me iría; esa fue la primera reacción. Yo era feliz en mi mundo, no conocía otra cosa, lo que tenía me parecía grandioso, los amigos, la escuela, los reglazos que le daba a los muchachos que repasaban en las tardes en el portal del patio... También recuerdo el día que nos fuimos, en cada esquina de cada pueblo que pasábamos había un coro griego que lanzaba las mismas palabras, palabras de odio, porque no sonaban nada agradable.
¿Llegaste solo o con tus padres? ¿Cómo fueron tus primeros tiempos en Estados Unidos?
Vinimos cinco. Mis padres y mis hermanos. Siempre me he adaptado rápidamente. Me sentí raro los primeros meses porque no hablaba inglés y al principio cuando nos reuníamos con primos, ellos, todos nacidos aquí, hablaban en inglés, y nosotros nos quedábamos en el aire. Pero me di a la tarea de aprender el idioma lo antes posible.
Aquí también sufrimos eso de las palabras feas. ¡Oh claro que sí! Recuerdo como los familiares en tono de juego nos decían "los escorias". Y en la escuela los que habían nacido aquí nos decían "refs", de refugiados, de forma despectiva.
Pero el tiempo pasó, y vino otra ola de cubanos, a quienes les dijeron "balseros".
Hace apenas unos meses publicas tu primer poemario 'Yo, el arquero aquel', bajo el sello editorial Velámenes. Has dicho que leyendo la poesía de tu amigo Juan Carlos Valls te llegó el impulso o la necesidad de tener tu propio libro, tu primer poemario. ¿Recuerdas algún poema en especial que te motivó?
No fue exactamente así como ocurrieron las cosas. Desde niño escribo para mí, como forma de terapia. Nunca había pensado que podía hacerlo profesionalmente, que lo que tenía que decir podía llamarle la atención a nadie. Tomaba un taller de poesía con la poeta Elena Tamargo, y una madrugada, leyendo la poesía de Juan Carlos Valls, sentí un dolor profundo en el pecho y pensé que me estaba dando otro ataque al corazón.
Pero al comentarle a Elena lo que me había pasado, ella me dijo: "No confundas esto que te ha pasado, esto es algo mucho más grande, esto es un llamado".
Y así ha sido. Ha sido el despertar que necesitaba, el impulso a atreverme a dejar que los demás me vean completamente desnudo a través de la poesía. Lo de publicar el libro vino mucho después. En ese momento no pensaba en nada más que en escribir, y en los momentos que vivía entonces. Pero sí recuerdo un poema en específico. He leído un poema de Diane Wakoski. Específicamente estos versos: pasarán veinte años/ y este poema será desempolvado/ por un muchacho a quien la gente/ (con el mismo cuchillo con que cercena/ el pan de cada día)/ habrá herido y dibujado una ventana/ para que otros pájaros/ violentados por la misma ironía de las palabras/ pongan en peligro la belleza del mundo.
¿Contaste con el apoyo o la ayuda de alguien en particular para preparar 'Yo, el arquero aquel'?
Elena me editó el libro. Lo revisó desde el principio. Adalberto Guerra también lo revisó, y amigos que leyeron mis poemas: Karin Aldrey, Juan Carlos Valls, Pedro Assef.
¿Tienes algún poema favorito de los que has recogido en el libro?
Este libro es un recuento de lo que me tocó vivir en un tiempo, el despertar a la poesía, los deseos de amar, y pedazos de momentos claves en mi vida que necesitaban tener un fin. Y aquí los logré cerrar.
Todo el libro está conectado. Es una historia de principio a fin. Me siento orgulloso de estos retoños. Hay uno en específico que quiero mucho...
¿Cómo se titula?
"He decidido perderme en poemas".
¿Y por qué lo prefieres?
Porque fue uno de los primeros poemas que escribí. Y porque el día que lo leí en público por primera vez, vi la reacción de alguien del público, y sentí que mis versos le hablaban.
En 2006 fundas la Galería Zu, un espacio alternativo en Miami. Allí organizas actividades hasta 2010. ¿Qué es lo más provechoso que pudieras decirnos en relación a ese trabajo de cuatro años?
Aprendí muchísimo. Conocí mucho de esta ciudad y de sus habitantes, cosas que no conocía de primera mano, solo de bocas ajenas. Conocí gente bella, a algunas de esas personas que hoy ocupan un lugar importante en mi vida. Descubrí que soy mucho más fuerte de lo que pensaba, y de lo que pensaban algunos. Le di el espacio que debía ocupar la poesía en mi vida. Fue muy buena experiencia.
¿Y qué es lo peor que recuerdas, si es que puedes contarnos?
No recuerdo nada malo ahora mismo... Hasta el cierre se ha convertido en algo positivo en mi vida.
Afortunadamente para los ávidos de encuentros literarios en Miami has vuelto con un nuevo espacio, esta vez en la Alianza Francesa. Cuéntanos de este Proyecto Zu, y lo que ocurrirá allí el tercer jueves de cada mes.
Es un proyecto que ya había empezado en diciembre del 2010, y que en el pasado septiembre tomó un descanso. Ahora vuelven esas Noches Literarias en la Alianza, que serán los terceros jueves de cada mes, y que ya están totalmente programadas hasta diciembre.
¿Piensas invitar solamente a poetas?
No, aquí habrá espacio para la literatura en general. Pero la poesía siempre viene primero en lo que hago.
Con este Proyecto Zu, ¿cuáles son las metas que te has trazado?
Seguir con lo que empecé en la Galería, una noche al mes donde las personas puedan venir a escuchar poesía, narrativa, en fin, donde puedan pasar unas horas agradables, y aprender a la vez, conocer escritores, y que los escritores encuentren nuevos lectores. Un círculo. Esto es un círculo donde todos salimos ganando.
¿Quiénes son esos autores o poetas que ya has programado para las Noches Literarias?
Estoy abriendo este ciclo con Aymara Aymerich (abril 19), y en mayo estará Emilio García Montiel, y en junio Félix Lizarraga...
¿Qué es lo que te hace crear estos espacios culturales en Miami?
La necesidad de devolver algo a esta comunidad, y a la vez hacerlo con algo que a mí me gusta tanto. Añoro espacios como en las grandes ciudades donde existen montones de tertulias y eventos culturales que enriquecen a tantas personas. Además, yo siempre prefiero crear que destruir. Aun con palabras.
¿Esperas algún tipo de recompensa por parte del público asistente a estos encuentros mensuales que planeas?
La recompensa es poder hacer esto, poder hacer lo que me gusta, como he dicho antes. Si vienen y les gusta lo que presenciaron, que pasen la voz. No espero nada más.
¿Tienes en mente escribir o preparar un nuevo libro de poesía?
No he dejado de escribir. Tengo varios proyectos ahora mismo, uno en inglés que casi está terminado.
¿Y por qué has preferido la poesía?
Porque la poesía me escogió a mí, me tomó de la mano y no he podido soltarla. Cada día la necesito más.
¿Dejarías Miami para instalarte en otro ciudad del mundo? De ser afirmativa la respuesta, cuál ciudad sería y por qué.
Sí, de hecho lo he pensado mucho últimamente. No tengo idea de a dónde irme, pero me gustaría mucho que fuera una ciudad del norte, más americana, que es el país donde realmente vivo. Miami, esta ciudad que ha heredado lo mejor y lo peor de Cuba, cada día anda peor, con muy mala energía.
¿Por qué dices eso de Miami?
No es Miami, somos los habitantes, específicamente los cubanos, que seguimos arrastrando los mismos fantasmas, las mismas malas mañas que aprendimos del comunismo, del castrismo, y cada día nos hacen más viles.
¿Te ataría algo a Miami?
Mi familia. Pero ella siempre me ha apoyado en mis decisiones. O sea, que no sería un problema.
Fuiste amigo de la poeta Elena Tamargo. Lamentablemente falleció. ¿Crees que se hubiera podido salvar de su enfermedad? ¿Cuál es el último recuerdo grato que conservas de ella?
No creo que se hubiera podido salvar, y ella lo sabía mejor que todos nosotros, pero Ele ha sido la persona más valiente que he conocido en mi vida. Tengo demasiados recuerdos suyos, y los guardo con mucho recelo, pero cierro los ojos y me viene a la mente su dulce sonrisa, y cómo me apretaba las manos, y el último domingo que habló. Habían unas personas que vinieron a rezar por ella, y ella estaba cansada y quería estar a solas conmigo y con Ena Columbié, que también estaba en ese momento, y me decía: "mijito tú me entiendes, ve y dile a la enfermera que ya puede venir, tú me entiendes". Y yo en el aire, hasta que me di de cuenta. Y, bueno, las personas se fueron, y ella, como hacía días que no la veía, me dijo: "ve y dile a Yvonne López Arenal que aquí esta Elena Tamargo, la próxima actriz de Akuara Teatro". Y nos reímos como niños traviesos.
¿Has vuelto a Cuba?
No he vuelto.
¿Desearías ir?
Muchas veces he tenido el mismo sueño: me bajo de un taxi a una cuadra de la que era mi casa y camino mirando de lado a lado, pero ya no conozco a nadie, ya no son las mismas personas que dejé. Entonces despierto y se me quitan las ganas. Serán miedos. Pero los deseos de volver han ido disminuyendo.
(Entrevista publicada en http://www.diariodecuba.com/cultura/10715-manny-lopez-prefiero-crear-que-destruir)
domingo, 6 de mayo de 2012
«La novela negra me escogió a mí» (Entrevista al escritor cubano Lorenzo Lunar sobre su libro Mundo de Sombras)
El escritor cubano Lorenzo Lunar (Santa Clara, 1958), cuenta con publicaciones como El último aliento (cuentos, 1995), Échame a mí la culpa (novela, 1999), Que en vez de infierno encuentres gloria (novela, 2003), con la que ha ganado premios tanto internacionales como nacionles. Pero ahora acaba de publicar una nueva novela: Mundo de sombras (Atmósfera Literaria), sobre la cual hemos dialogado, entre otros temas...
Generalmente se te conoce por escribir novela negra, a pesar de que también has escrito literatura para niños y jóvenes, libro de relato, o ensayos de crítica literaria, tanto dentro como fuera de Cuba. ¿Pero por qué esa preferencia por la novela negra?
Digamos que la novela negra me escogió a mí. Mi primer libro fue un libro de cuentos: El último aliento (Capiro, Santa Clara, 1994). Ahí estaba la semilla, por decirlo de alguna manera, de lo que después sería el grueso de mi obra. Es un libro de relatos que ocurren en un barrio marginal de la Cuba de aquel entonces, personajes populares: el borracho, la putica de esquina, el maceta cuyo dinero no lo exime de la miseria espiritual y mucho menos de la indigencia humana, y, especialmente, el emigrante, aquel que escapa del barrio como la Luisa, que se va casada con un "negro fino", dirigente en la capital, y un día vuelve a encontrarse con lo que nunca ha dejado de ser, o aquel prototipo de Leo Martín que emigra ilegalmente y acaba entre las ruedas de un camión en una calle de Miami.
Aquellos cuentos eran historias negras, y los personajes entelequias que se acomodaron muy fácilmente al género cuando, casi por juego, escribí Échame a mí la culpa, primera versión de lo que más adelante fuera Que en vez de infierno encuentres gloria, primera novela de la trilogía del barrio, compuesta además por La vida es un tango y Usted es la culpable.
En tu novela Mundo de sombras (Atmósfera Literaria, Madrid, 2012) desaparece una extranjera, y hay, entre otras cosas, un concierto de rock. ¿Existe algún tipo de preferencia por este género, o fue elegido al azar? ¿No pensaste en, digamos, un concierto de música barroca, o Hip Hop, tan popular en la Cuba actual?
Bueno, esta novela no ocurre en la Cuba actual. Es una novela que transcurre en los años noventa. La música es uno de los recursos en que me apoyo en gran parte de mi obra. Mundos de sombras tiene su escenario principal en el Club Paradiso, un lugar de la ciudad que caracteriza cada noche con un tipo de música diferente. La noche que la turista italiana Bianca Roxana Micussi llega a la ciudad y conoce al grupo de muchachos con los que compartirá sus noches de lujuria, es una noche de música popular cubana, en el escenario del Club Paradiso está un grupo de "cinco negritos viejos que tocan sones con la esperanza de que algún productor extranjero ponga su buena vista en ellos…"
Sin embargo, el grupo social al que pertenecen los muchachos que hacen migas con la italiana se desenvuelve, modas aparte, alrededor de la cultura del rock. No quiere esto decir que sea exclusivo de este sector de la juventud el consumo de drogas, el intercambio de parejas y otras prácticas libertinas. Tampoco que sea esta una condición sine qua non. Es, simplemente, parte del diseño de la novela y sus personajes.
Ahora, si de gustos musicales personales se trata puedo decir que he llegado a una edad, o consolidado una cultura, que me permite a la hora de elegir mi música preferida hacerlo por su calidad y no por el género.
¿Y por qué eliges ese título...?
La novela ocurre fundamentalmente de noche. Cuando no en la noche verdadera, sí en la noche metafórica. En las sombras que ocupan la mente y el alma de los infelices que caen en el barranco del consumo de drogas. Justo a la orilla de un barranco transcurre una de las escenas clímax de la historia.
¿Qué es el Club Paradiso? ¿Allí se permite todo menos cortarse las venas?
Así describo al Club Paradiso en la novela: "El Club Paradiso es un Proyecto Cultural del Centro de Artes Escénicas de La Ciudad. Fue bautizado así en honor a la novela del gran poeta [Lezama Lima], cuando este, después de "muerto en el olvido", dejó de ser estigmatizado para convertirse en bandera de politiqueros, pseudointelectuales y homosexuales. Esa misma fauna que ahora se reúne en el lugar, haciéndose de espacios según el día de la semana que sea: martes, rockeros sin tecnología y enfermos del SIDA; miércoles, comediantes frustrados, escritores insignificantes y alcohólicos arrepentidos; jueves, trovadores mediocres y puticas universitarias; viernes, viejos soneros con sus sacos de ilusiones a cuestas; sábados, lesbianas y travestis, homosexuales declarados y padres de familia que buscan, en las sombras del lugar, sexo y otras emociones prohibidas por la moral. El club tiene su sede en una de las tantas ruinas arquitectónicas del centro de La Ciudad".
El Club Paradiso, si alguien quiere buscarle un referente en la realidad, puede encontrarlo en el famoso Mejunje de Santa Clara. Pero no equivocarse: El Mejunje, con su gente, es uno de los lugares de mi ciudad que más defiendo y quiero. La realidad de una novela dista mucho de la realidad de la vida. En esto, generalmente, solo se equivocan aquellos que quieren equivocarse.
¿En Santa Clara tienes una peña literaria: La Piedra Lunar?
La Piedra Lunar es mi librería. Una tienda de libros viejos que llevo junto a la joven escritora Liany Vento. Esta librería también queremos que sea lo que comúnmente se conoce como un proyecto cultural, por eso convocamos a un concurso permanente de poesía: "El Poema del Mes". También tenemos una peña de amigos de la ciencia ficción y la fantasía: "Las Tardes de Korad". Ahora hemos convocado a un concurso de relatos policiales abierto para todos los escritores cubanos y que premiaremos en el verano de este año.
Los viernes tenemos nuestra peña "El Asere Ilustrado", así cerramos la semana. Esta peña es el escenario para la premiación del concurso mensual de poesía, descargas de música cubana, recitales de poesía… Se llama La Piedra Lunar jugando con mi apellido y con el título de ese clásico de la literatura universal que es también una insuperable joya de la literatura policial.
¿Propuesta general de esta nueva novela, Mundo de sombras?
Esta novela sale del barrio, ese cronotopo más cerrado en el que ocurre la trilogía del barrio que he mencionado antes. A la vez me ha permitido explorar otras posibilidades escriturales y estilísticas. Crear otros personajes y estudiar otras sicologías. En las novelas anteriores César es un personaje secundario, gris. Con Mundos de sombras comienza un ciclo (quizás sean también tres novelas, la segunda, Proyecto en negro, ya está terminada) que profundiza en la grisura de este personaje. Explorar la vida de un tipo como César siempre será bien interesante para el que lo lee, y mucho más para el que lo escribe.
¿Llegarán algunos ejemplares a Santa Clara? ¿Tienes planeado alguna presentación especial en La Piedra Lunar?
Luife Galeano, mi editor de Atmósfera Literaria, ha tenido la gentileza de destinar cien ejemplares de la novela para su distribución en Cuba. Esperábamos que estuvieran para la Feria del Libro de Santa Clara que comenzaba el día 22 de febrero. Estábamos todos muy entusiasmados, incluyendo a los organizadores del evento. Pero hubo atrasos en la imprenta. De cualquier manera, esperamos que estos ejemplares estén aquí en marzo. Entonces haremos algunas presentaciones: en La Piedra Lunar y en otras instituciones culturales de la ciudad de Santa Clara y del resto del país.
Y después de Mundo de sombras…
Tengo planteada la novela Padre muerto, mi segunda novela habanera (la primera es Dónde estás corazón, publicada por la editorial española Arcopress en 2009). Tendrá como centro las muertes de un par de curas y las relaciones Estado-Iglesia-Sociedad. También tengo planteada una fantasía heroica: Friedrich Amadeus y el síndrome vertiginoso, un homenaje a mi maestro Agustín de Rojas, a quien perdimos hace unos meses.
Por otra parte estoy enfrascado en la investigación de la vida de Félix Lunar, dirigente sindicalista anarquista español que participó en las revueltas de Río Tinto, Huelva a fines del siglo XIX y principios del XX. La novela resultante de esta investigación será también una pesquisa sobre la fundación de la familia Lunar, en Mataguá, pueblito cercano a Santa Clara, anclado en las faldas del Escambray, adonde fue a parar mi bisabuelo Gregorio al llegar emigrando desde Andalucía.
¿Crees que los lectores interesados en la novela negra cubana quedarán satisfechos con la lectura de Mundo de sombras?
Eso espero. De todas formas, el lector debe decir la última palabra. Por suerte tengo lectores que buscan mis novelas. En Cuba mis libros se agotan enseguida, fuera de Cuba se han vendido bien, y espero que éste se venda mejor pues Atmósfera Literaria tiene planteado un programa promocional muy serio.
Creo que es una buena novela, capaz de satisfacer las exigencias del lector, así lo piensa también mi editor y los amigos que me han acompañado en el proceso de creación de ella. Por el momento, yo solo puedo decir esa frase coloquial de la marginalidad cubana: "Voy a mí".
(entrevista publicada en http://www.diariodecuba.com)
Generalmente se te conoce por escribir novela negra, a pesar de que también has escrito literatura para niños y jóvenes, libro de relato, o ensayos de crítica literaria, tanto dentro como fuera de Cuba. ¿Pero por qué esa preferencia por la novela negra?
Digamos que la novela negra me escogió a mí. Mi primer libro fue un libro de cuentos: El último aliento (Capiro, Santa Clara, 1994). Ahí estaba la semilla, por decirlo de alguna manera, de lo que después sería el grueso de mi obra. Es un libro de relatos que ocurren en un barrio marginal de la Cuba de aquel entonces, personajes populares: el borracho, la putica de esquina, el maceta cuyo dinero no lo exime de la miseria espiritual y mucho menos de la indigencia humana, y, especialmente, el emigrante, aquel que escapa del barrio como la Luisa, que se va casada con un "negro fino", dirigente en la capital, y un día vuelve a encontrarse con lo que nunca ha dejado de ser, o aquel prototipo de Leo Martín que emigra ilegalmente y acaba entre las ruedas de un camión en una calle de Miami.
Aquellos cuentos eran historias negras, y los personajes entelequias que se acomodaron muy fácilmente al género cuando, casi por juego, escribí Échame a mí la culpa, primera versión de lo que más adelante fuera Que en vez de infierno encuentres gloria, primera novela de la trilogía del barrio, compuesta además por La vida es un tango y Usted es la culpable.
En tu novela Mundo de sombras (Atmósfera Literaria, Madrid, 2012) desaparece una extranjera, y hay, entre otras cosas, un concierto de rock. ¿Existe algún tipo de preferencia por este género, o fue elegido al azar? ¿No pensaste en, digamos, un concierto de música barroca, o Hip Hop, tan popular en la Cuba actual?
Bueno, esta novela no ocurre en la Cuba actual. Es una novela que transcurre en los años noventa. La música es uno de los recursos en que me apoyo en gran parte de mi obra. Mundos de sombras tiene su escenario principal en el Club Paradiso, un lugar de la ciudad que caracteriza cada noche con un tipo de música diferente. La noche que la turista italiana Bianca Roxana Micussi llega a la ciudad y conoce al grupo de muchachos con los que compartirá sus noches de lujuria, es una noche de música popular cubana, en el escenario del Club Paradiso está un grupo de "cinco negritos viejos que tocan sones con la esperanza de que algún productor extranjero ponga su buena vista en ellos…"
Sin embargo, el grupo social al que pertenecen los muchachos que hacen migas con la italiana se desenvuelve, modas aparte, alrededor de la cultura del rock. No quiere esto decir que sea exclusivo de este sector de la juventud el consumo de drogas, el intercambio de parejas y otras prácticas libertinas. Tampoco que sea esta una condición sine qua non. Es, simplemente, parte del diseño de la novela y sus personajes.
Ahora, si de gustos musicales personales se trata puedo decir que he llegado a una edad, o consolidado una cultura, que me permite a la hora de elegir mi música preferida hacerlo por su calidad y no por el género.
¿Y por qué eliges ese título...?
La novela ocurre fundamentalmente de noche. Cuando no en la noche verdadera, sí en la noche metafórica. En las sombras que ocupan la mente y el alma de los infelices que caen en el barranco del consumo de drogas. Justo a la orilla de un barranco transcurre una de las escenas clímax de la historia.
¿Qué es el Club Paradiso? ¿Allí se permite todo menos cortarse las venas?
Así describo al Club Paradiso en la novela: "El Club Paradiso es un Proyecto Cultural del Centro de Artes Escénicas de La Ciudad. Fue bautizado así en honor a la novela del gran poeta [Lezama Lima], cuando este, después de "muerto en el olvido", dejó de ser estigmatizado para convertirse en bandera de politiqueros, pseudointelectuales y homosexuales. Esa misma fauna que ahora se reúne en el lugar, haciéndose de espacios según el día de la semana que sea: martes, rockeros sin tecnología y enfermos del SIDA; miércoles, comediantes frustrados, escritores insignificantes y alcohólicos arrepentidos; jueves, trovadores mediocres y puticas universitarias; viernes, viejos soneros con sus sacos de ilusiones a cuestas; sábados, lesbianas y travestis, homosexuales declarados y padres de familia que buscan, en las sombras del lugar, sexo y otras emociones prohibidas por la moral. El club tiene su sede en una de las tantas ruinas arquitectónicas del centro de La Ciudad".
El Club Paradiso, si alguien quiere buscarle un referente en la realidad, puede encontrarlo en el famoso Mejunje de Santa Clara. Pero no equivocarse: El Mejunje, con su gente, es uno de los lugares de mi ciudad que más defiendo y quiero. La realidad de una novela dista mucho de la realidad de la vida. En esto, generalmente, solo se equivocan aquellos que quieren equivocarse.
¿En Santa Clara tienes una peña literaria: La Piedra Lunar?
La Piedra Lunar es mi librería. Una tienda de libros viejos que llevo junto a la joven escritora Liany Vento. Esta librería también queremos que sea lo que comúnmente se conoce como un proyecto cultural, por eso convocamos a un concurso permanente de poesía: "El Poema del Mes". También tenemos una peña de amigos de la ciencia ficción y la fantasía: "Las Tardes de Korad". Ahora hemos convocado a un concurso de relatos policiales abierto para todos los escritores cubanos y que premiaremos en el verano de este año.
Los viernes tenemos nuestra peña "El Asere Ilustrado", así cerramos la semana. Esta peña es el escenario para la premiación del concurso mensual de poesía, descargas de música cubana, recitales de poesía… Se llama La Piedra Lunar jugando con mi apellido y con el título de ese clásico de la literatura universal que es también una insuperable joya de la literatura policial.
¿Propuesta general de esta nueva novela, Mundo de sombras?
Esta novela sale del barrio, ese cronotopo más cerrado en el que ocurre la trilogía del barrio que he mencionado antes. A la vez me ha permitido explorar otras posibilidades escriturales y estilísticas. Crear otros personajes y estudiar otras sicologías. En las novelas anteriores César es un personaje secundario, gris. Con Mundos de sombras comienza un ciclo (quizás sean también tres novelas, la segunda, Proyecto en negro, ya está terminada) que profundiza en la grisura de este personaje. Explorar la vida de un tipo como César siempre será bien interesante para el que lo lee, y mucho más para el que lo escribe.
¿Llegarán algunos ejemplares a Santa Clara? ¿Tienes planeado alguna presentación especial en La Piedra Lunar?
Luife Galeano, mi editor de Atmósfera Literaria, ha tenido la gentileza de destinar cien ejemplares de la novela para su distribución en Cuba. Esperábamos que estuvieran para la Feria del Libro de Santa Clara que comenzaba el día 22 de febrero. Estábamos todos muy entusiasmados, incluyendo a los organizadores del evento. Pero hubo atrasos en la imprenta. De cualquier manera, esperamos que estos ejemplares estén aquí en marzo. Entonces haremos algunas presentaciones: en La Piedra Lunar y en otras instituciones culturales de la ciudad de Santa Clara y del resto del país.
Y después de Mundo de sombras…
Tengo planteada la novela Padre muerto, mi segunda novela habanera (la primera es Dónde estás corazón, publicada por la editorial española Arcopress en 2009). Tendrá como centro las muertes de un par de curas y las relaciones Estado-Iglesia-Sociedad. También tengo planteada una fantasía heroica: Friedrich Amadeus y el síndrome vertiginoso, un homenaje a mi maestro Agustín de Rojas, a quien perdimos hace unos meses.
Por otra parte estoy enfrascado en la investigación de la vida de Félix Lunar, dirigente sindicalista anarquista español que participó en las revueltas de Río Tinto, Huelva a fines del siglo XIX y principios del XX. La novela resultante de esta investigación será también una pesquisa sobre la fundación de la familia Lunar, en Mataguá, pueblito cercano a Santa Clara, anclado en las faldas del Escambray, adonde fue a parar mi bisabuelo Gregorio al llegar emigrando desde Andalucía.
¿Crees que los lectores interesados en la novela negra cubana quedarán satisfechos con la lectura de Mundo de sombras?
Eso espero. De todas formas, el lector debe decir la última palabra. Por suerte tengo lectores que buscan mis novelas. En Cuba mis libros se agotan enseguida, fuera de Cuba se han vendido bien, y espero que éste se venda mejor pues Atmósfera Literaria tiene planteado un programa promocional muy serio.
Creo que es una buena novela, capaz de satisfacer las exigencias del lector, así lo piensa también mi editor y los amigos que me han acompañado en el proceso de creación de ella. Por el momento, yo solo puedo decir esa frase coloquial de la marginalidad cubana: "Voy a mí".
(entrevista publicada en http://www.diariodecuba.com)
viernes, 16 de marzo de 2012
«No es fácil inclinarse por un género» (Entrevista a Jorge Carrigan)
Jorge Carrigan (La Habana, 1953) es autor de una docena de piezas teatrales. Residente en Canadá, publicó en 1999 el libro de narraciones y poemas Cascabeles en la Punta, y en 2002 la antología Teatro de Segunda Mano, que recoge obras escritas en colaboración con otros autores. Su novela Bailar con la más fea vio la luz en 2010, y ahora, bajo el sello Plaza Editorial, publica Muñequita linda, una narración cargada de erotismo, una historia de reivindicaciones femeninas.
Carrigan, ¿podrías adelantarnos algo de 'Muñequita linda'?
Es difícil adelantar demasiado sobre la trama de esta novela, ya que una buena parte de su encanto consiste en develar a lo largo de la historia las peculiaridades del personaje central, que es, además, la voz que narra. Si algo puede adelantarse es que se trata de una narradora, una voz femenina, lo cual resultó difícil y laborioso. El mayor riesgo ha sido introducirme, e introducir a los lectores, en una problemática humana que, a su vez, constituye uno de los baluartes del movimiento feminista. Ese lanzarse en el mundo femenino traerá por consecuencia que a partir de ahora la mitad de las mujeres, las que me interpreten bien, va a quererme mucho, y la otra mitad probablemente me va odiar.
¿Existen diferencias entre 'Muñequita linda' y 'Bailar con la más fea'?
Son dos libros muy diferentes. Bailar con la más fea es una novela de atmósferas, sombría, en la que la injusticia se da por sentado y los personajes están condenados de antemano a que la realidad los vaya despedazando; donde me propuse que el recorrido del lector se hiciera sinuoso.
En Muñequita linda la justicia está en el centro mismo de la trama, que es más anecdótica, más lineal, con una historia en la cual la narradora no sólo cuenta, sino que especula, y a lo largo de la narración va tejiendo una relación de complicidad con el lector, con observaciones sutiles y hasta cierta ironía.
¿Está presente Cuba?
En Bailar con la más fea Cuba no está, solo se presiente. Muñequita linda es un poco más lejana, se desarrolla en un país que difícilmente sea Cuba por razones que, para no revelar más de la cuenta, no adelantaré. Solo decir que en este caso abordo un tema que me gustaría muchísimo que fuera ampliamente debatido y eventualmente resuelto alguna vez por los cubanos, pero la historia que se me ocurrió para ilustrar la discusión de dicho tema, y que constituye la carne de la novela, me temo que es totalmente ajena a la realidad cubana de hoy.
Soy más que consciente de que después de dos novelas ando ya debiéndole una a Cuba y otra a Canadá. Por tanto, prometo con toda solemnidad que en la próxima, que ya está en boceto, aparecerán La Habana y Montreal, entre otras ciudades.
El lanzamiento oficial de 'Muñequita linda'…
Para mi infortunio, o quizás para mi fortuna, mis editores no pertenecen a los grandes circuitos comerciales de la literatura. Este detalle hace que la distribución y las presentaciones no se produzcan de acuerdo a un plan que solo puede elaborarse y cumplirse cuando hay toda una maquinaria de promoción detrás, o delante, de los autores y las obras. La distribución, por tanto, se realiza gracias al apoyo de instituciones e individuos que tanto acá en Canadá como en otros países se interesan por auspiciar las presentaciones y la puesta en circulación. De momento, el lanzamiento en Ottawa, que es donde vivo, será el jueves 8 de diciembre. Luego vendrán presentaciones en Miami y en Cartagena de Indias, Colombia, con fechas aún por confirmar; y luego estoy seguro de que habrá lanzamientos en Montreal y Toronto; además de que espero presentarla también el verano próximo en Nueva York y, si la suerte me acompaña, en República Dominicana.
Se te conoce más como dramaturgo. Entre el teatro y la novelística, qué prefieres y por qué.
Lo que me gusta del teatro es que uno, como autor, puede ver la reacción del público en el momento en que entra en contacto con la obra. Luego uno se da cuenta de que no todo cabe en el teatro. Alguien dijo que cada tema pide al autor la forma en que debe ser escrito, de manera que hay temas que no funcionarían en el teatro, como mismo hay otros que se verían mejor si se le muestran al público sobre un escenario. No es fácil inclinarse por un género.
Cada manera de comunicar tiene su encanto. Es cierto que he escrito mucho más teatro que narrativa, pero hay una razón: vengo de un país en el que, como nunca alcanzaba el papel, publicar una novela era un sueño prácticamente inalcanzable; sin embargo, como tenía muchos amigos, había posibilidad de reunir actores y de poner en escena piezas teatrales.
Aquí en Canadá es todo lo opuesto. Faltan los amigos y sobra el papel, de manera que el día que se me ocurrió escribir una novela, porque me di cuenta de que estaba empeñado en contar una historia irrepresentable en teatro, no lo dudé. Lo cual no significa, por otro lado, que haya sido fácil. Alguien me preguntó que si le temía a la página en blanco y respondí que a lo que le temo es a la página a medio escribir, cuando a uno se le presenta un problema técnico y no tienen la capacidad de resolverlo. Cuento esto porque debí aprender muchas cuestiones técnicas para terminar la primera novela. Y ahora, que he escrito teatro y narrativa, diríamos que es justo que se me emplace a elegir. Solo que entre ambos géneros, mi respuesta es que me gustan por igual.
Después de esta novela, ¿existe algún nuevo proyecto?
Proyectos es lo que nunca me ha faltado. Si puedo decir que soy escritor es porque, para escribir todo lo que quisiera, necesitaría más tiempo que el que me queda de vida. De modo que ahí vienen las prioridades. En este instante estoy inmerso en un proyecto cinematográfico en el que trabajaré como guionista y director de actores. Tengo tres piezas de teatro a medio escribir, y en literatura una novela que ya no está en mente, sino en el disco duro de la computadora, en boceto. Se titulará Pelos en la lengua.
Una última pregunta: ¿Qué esperas de tus lectores?
Hay escritores que se mueren por tener lectores súper sensibles, que lloren, se desgarren y se corten las venas con el marcador del libro. Yo prefiero que mis lectores sean solo inteligentes; ni más ni menos inteligentes que yo. Que disfruten lo que leen tanto como yo he disfrutado escribiéndolo.
(entrevista publicada en www.diariodecuba.com)
Carrigan, ¿podrías adelantarnos algo de 'Muñequita linda'?
Es difícil adelantar demasiado sobre la trama de esta novela, ya que una buena parte de su encanto consiste en develar a lo largo de la historia las peculiaridades del personaje central, que es, además, la voz que narra. Si algo puede adelantarse es que se trata de una narradora, una voz femenina, lo cual resultó difícil y laborioso. El mayor riesgo ha sido introducirme, e introducir a los lectores, en una problemática humana que, a su vez, constituye uno de los baluartes del movimiento feminista. Ese lanzarse en el mundo femenino traerá por consecuencia que a partir de ahora la mitad de las mujeres, las que me interpreten bien, va a quererme mucho, y la otra mitad probablemente me va odiar.
¿Existen diferencias entre 'Muñequita linda' y 'Bailar con la más fea'?
Son dos libros muy diferentes. Bailar con la más fea es una novela de atmósferas, sombría, en la que la injusticia se da por sentado y los personajes están condenados de antemano a que la realidad los vaya despedazando; donde me propuse que el recorrido del lector se hiciera sinuoso.
En Muñequita linda la justicia está en el centro mismo de la trama, que es más anecdótica, más lineal, con una historia en la cual la narradora no sólo cuenta, sino que especula, y a lo largo de la narración va tejiendo una relación de complicidad con el lector, con observaciones sutiles y hasta cierta ironía.
¿Está presente Cuba?
En Bailar con la más fea Cuba no está, solo se presiente. Muñequita linda es un poco más lejana, se desarrolla en un país que difícilmente sea Cuba por razones que, para no revelar más de la cuenta, no adelantaré. Solo decir que en este caso abordo un tema que me gustaría muchísimo que fuera ampliamente debatido y eventualmente resuelto alguna vez por los cubanos, pero la historia que se me ocurrió para ilustrar la discusión de dicho tema, y que constituye la carne de la novela, me temo que es totalmente ajena a la realidad cubana de hoy.
Soy más que consciente de que después de dos novelas ando ya debiéndole una a Cuba y otra a Canadá. Por tanto, prometo con toda solemnidad que en la próxima, que ya está en boceto, aparecerán La Habana y Montreal, entre otras ciudades.
El lanzamiento oficial de 'Muñequita linda'…
Para mi infortunio, o quizás para mi fortuna, mis editores no pertenecen a los grandes circuitos comerciales de la literatura. Este detalle hace que la distribución y las presentaciones no se produzcan de acuerdo a un plan que solo puede elaborarse y cumplirse cuando hay toda una maquinaria de promoción detrás, o delante, de los autores y las obras. La distribución, por tanto, se realiza gracias al apoyo de instituciones e individuos que tanto acá en Canadá como en otros países se interesan por auspiciar las presentaciones y la puesta en circulación. De momento, el lanzamiento en Ottawa, que es donde vivo, será el jueves 8 de diciembre. Luego vendrán presentaciones en Miami y en Cartagena de Indias, Colombia, con fechas aún por confirmar; y luego estoy seguro de que habrá lanzamientos en Montreal y Toronto; además de que espero presentarla también el verano próximo en Nueva York y, si la suerte me acompaña, en República Dominicana.
Se te conoce más como dramaturgo. Entre el teatro y la novelística, qué prefieres y por qué.
Lo que me gusta del teatro es que uno, como autor, puede ver la reacción del público en el momento en que entra en contacto con la obra. Luego uno se da cuenta de que no todo cabe en el teatro. Alguien dijo que cada tema pide al autor la forma en que debe ser escrito, de manera que hay temas que no funcionarían en el teatro, como mismo hay otros que se verían mejor si se le muestran al público sobre un escenario. No es fácil inclinarse por un género.
Cada manera de comunicar tiene su encanto. Es cierto que he escrito mucho más teatro que narrativa, pero hay una razón: vengo de un país en el que, como nunca alcanzaba el papel, publicar una novela era un sueño prácticamente inalcanzable; sin embargo, como tenía muchos amigos, había posibilidad de reunir actores y de poner en escena piezas teatrales.
Aquí en Canadá es todo lo opuesto. Faltan los amigos y sobra el papel, de manera que el día que se me ocurrió escribir una novela, porque me di cuenta de que estaba empeñado en contar una historia irrepresentable en teatro, no lo dudé. Lo cual no significa, por otro lado, que haya sido fácil. Alguien me preguntó que si le temía a la página en blanco y respondí que a lo que le temo es a la página a medio escribir, cuando a uno se le presenta un problema técnico y no tienen la capacidad de resolverlo. Cuento esto porque debí aprender muchas cuestiones técnicas para terminar la primera novela. Y ahora, que he escrito teatro y narrativa, diríamos que es justo que se me emplace a elegir. Solo que entre ambos géneros, mi respuesta es que me gustan por igual.
Después de esta novela, ¿existe algún nuevo proyecto?
Proyectos es lo que nunca me ha faltado. Si puedo decir que soy escritor es porque, para escribir todo lo que quisiera, necesitaría más tiempo que el que me queda de vida. De modo que ahí vienen las prioridades. En este instante estoy inmerso en un proyecto cinematográfico en el que trabajaré como guionista y director de actores. Tengo tres piezas de teatro a medio escribir, y en literatura una novela que ya no está en mente, sino en el disco duro de la computadora, en boceto. Se titulará Pelos en la lengua.
Una última pregunta: ¿Qué esperas de tus lectores?
Hay escritores que se mueren por tener lectores súper sensibles, que lloren, se desgarren y se corten las venas con el marcador del libro. Yo prefiero que mis lectores sean solo inteligentes; ni más ni menos inteligentes que yo. Que disfruten lo que leen tanto como yo he disfrutado escribiéndolo.
(entrevista publicada en www.diariodecuba.com)
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