El regionalismo siembra sus vocablos callejeros y No vemos —¿o No queremos ver?— más allá de nuestras fronteras. Bordeamos el circuito con lo que oímos cotidianamente sin aprehender, retener de la base (castellana), digo, mejor digo: del “español".
Todo este rollo —hablando coloquialmente—, lo vivo en esta ciudad de Montréal, en donde resido desde hace poco más de cinco años. Aquí he pernoctado entre lenguas diversas: inglés, francés, italiano, portugués, chino, japonés, árabe, persa… y castellano, ¡“español”!, vuelvo a acotar. Por lo que es ahí a donde sólo me interesa ir: “a mi lengua materna”.
Años atrás, trabajaba en un restaurante cuando le hice saber a una boliviana que aquella tarde había (-YO-) “COGIDO UNA GUAGUA” para llegar al trabajo. Espeluznada e incrédula, y con los ojos desorbitados, la boliviana me hizo saber ipso facto que No Entiende, y de ninguna manera, lo que le he dicho:
—¿Cómo es eso de que cogiste una guagua…? —preguntó con el rostro totalmente demudado.
—Sí —continué—, Cogí una Guagua para venir.
Volvió a abrir sus ojos, a darse la vuelta, a farfullar, a preguntarse qué rayos había hecho (-YO-). ¡Coger una guagua! Lógicamente, eran mis primeros días en esta ciudad multicultural, y por lo tanto, no tenía una idea (clara) de lo que podía significar “COGER UNA GUAGUA” fuera de la isla caribeña. Luego, a los pocos segundos (que me parecieron horas) vino ella a reposar su duda sobre mí:
—Vamos a ver, González, ¿cómo es eso de que te cogiste una guagua? —esta vez la pregunta fue hecha con pura malicia, y acto seguido le dije, en otras palabras, que era aquello de: “coger guagua”.
—¡El bus, boliviana, el autobús, en eso llegué hoy al trabajo! —dije.
Y saltó para, entre risas, continuar su explicación de que: en Bolivia “guagua” es bebé, un niño. Por lo que su alarma era de esperar. Para ella (-YO-) había hecho algo indebido y lo declaraba abiertamente a sus oídos latinoamericanos.
Sin embargo, ¿por qué COGER, (a lo que es igual AGARRAR, ATRAPAR… ) tiene esa connotación SEXUAL para algunos países como México, Argentina, o Bolivia?
Respeto la cultura de cada sitio, no me opongo al regionalismo. Aunque vale comprender (-entender-) que fuera de esos lugares la palabra se modifica, cambian los significados.
Si vas a España, por ejemplo, puedes soltar un: ¡COGE tío!, a cada instante; ellos no se ofenderán, porque sabido es que lo que echan allá es: ¡UN POLVO! (“Dust in the wind”). ¡Polvos van y polvos vienen! Y nos reímos. Y entendemos (-creo-). Pero ojo: ir a Latinoamérica, o a Centroamérica y ponerse a COGER a diestras y siniestras puede que te cataloguen de maniático sexual cuando todo que has dicho y hecho es agarrar libros y camiones y discos y cinturones.
Pero en Montréal me mato de la risa entre peruanos que CACHAN, digo: COGEN, digo: hacen del verbo la ambigüedad hispana más risible que oídos humanos (en este caso los míos) hayan disfrutado jamás. Y digo CHURRE y creen que inventé la palabra, y digo JABA y al instante ratifico: BOLSA, no vaya a ser que crean que las invento en el aire, en el polvo echado cuando COJO un trapo y limpio el diccionario donde las guardo a todas juntas como en una GUAGUA al mediodía habanero.
(En la foto: quijoteando entre palabras cogidas y escogidas en la mejor acogida, 2009)


