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viernes, 4 de noviembre de 2011

NO PARO Y ESO ME HACE SALTAR LAS BARRERAS DEL TIEMPO* (ENTREVISTA A BELKIS CUZA MALÉ)

Casada en 1967 con el poeta Heberto Padilla, la pintora, periodista, escritora y poeta Belkis Cuza Malé (Guantánamo, 1942) se exilió junto a su hijo en los Estados Unidos en 1979, unos años después de aquellos sucesos ocurridos en 1971, conocidos como "Caso Padilla". La pareja de artistas fue acusada entonces de actividades subversivas contra el gobierno cubano. Su encarcelamiento provocó reacciones en todo el mundo, con las consecuentes protestas de intelectuales entre los que figuraban Jean-Paul Sartre, Octavio Paz, Simone de Beauvoir, Julio Cortázar, Alberto Moravia, Carlos Fuentes, Juan Goytisolo, Juan Rulfo y Mario Vargas Llosa, entre otros.

Al año siguiente de la partida de Belkis Cuza Malé, Heberto Padilla también logra salir de la Isla, gracias a la presión internacional. Reunidos finalmente en el exilio, Belkis funda en 1982 Linden Lane Magazine. Y luego, en 1986, crea La Casa Azul, centro cultural y galería de arte, en Fort Worth, Texas, que, tras la muerte de Heberto Padilla, lleva su nombre.

Desde 1982 hasta la fecha, la autora de El viento en la pared, Los alucinados, Juego de damas y La otra mejilla, no ha cesado de trabajar en la revista creada en marzo de 1982. Sobre este y otro temas, converso con ella.

¿Cómo valora todo este tiempo de trabajo? ¡Son casi 30 años ya de 'Linden Lane Magazine'!Pues no he sentido que el tiempo pasaba. Soy una incansable trabajadora, lo mismo escribiendo que haciendo la revista, que en mi labor con la gente que se acerca a mí buscando ayuda espiritual. No paro, y eso me hace saltar las barreras del tiempo. Además, creo que el tiempo, como lo conocemos, no existe, y el gran Einstein lo reafirma con su teoría de la relatividad y más. Así que esos 30 años que ya están ahí a la vista, cuando publique en diciembre el número de invierno, han pasado por mi vida haciendo miles de cosas a la vez.

He cumplido con esta primera etapa de la misión, y ahora, con la ayuda de Dios iremos a la segunda. Los escritores y artistas cubanos en el exilio han contado con un sitio donde publicar sus obras. Sí lamento que Heberto no esté aquí ahora, ni muchos otros que han partido. Pero sus huellas siguen allí, en Linden Lane Magazine.

¿Por qué deciden hacer la revista? ¿De quién fue la idea?¿Deciden? No, solo yo deseaba hacerla, y así fue. Heberto solía decir con su típica ironía : "Yo no he venido a Estados Unidos a hacer revistas en español", y aunque no le quedó más remedio que asumir la idea, incluso ir a la ciudad de Nueva York a buscar las letras del diseño, hechas especialmente por encargo, y colaborar cuando yo insistía.

En realidad, ha sido una revista hecha por una sola persona, una mujer que quería darle vida a un proyecto de esa naturaleza, inspirado en mis más de diez años como redactora en La Gaceta de Cuba de la UNEAC, y porque de seguro que fue una misión, como digo, que Dios me encomendó.

¿Y cuál ha sido el objetivo de 'Linden Lane Magazine' durante estos 30 años?Dar a conocer el arte y la literatura de los escritores cubanos del exilio. Yo quería una publicación que no excluyera a nadie, ni se basara en amiguismos ni piñas literarias, que no fuera académica, sino creativa y con el aspecto de tabloide o periódico, inspirada sobre todo en The New York Review of Books, que hacía y dirigía Robert Silver, o en el propio semanario de The New York Times que aparece los domingos junto al periódico.

Arte y literatura cubanos para desbloquear el estigma que existía sobre los creadores que abandonaban Cuba. Sobran los dedos de una mano para contar a los que no han aparecido en Linden Lane Magazine. Famosos, menos famosos y nuevos escritores y artistas llenan las páginas de estos casi 30 años.

¿Cuál es su mayor ambición literaria respecto a la revista? ¿Qué es lo que más desea suceda con ella?Que llegue a Cuba, a los escritores y artistas que están allá, a todas las universidades del mundo y a las bibliotecas públicas. Desde el principio las mejores universidades de este país se suscribieron a ella, y eso ha sido un gran logro, porque quedará en sus archivos y al servicio de las generaciones futuras.

Bueno, también quisiera contar con las mejores computadoras, con los mejores equipos. Hasta ahora solo he utilizado los que he podido, y nunca ha sido posible comprar una computadora nueva, todas de segunda mano, otras regaladas que ha sido necesario componer.

Reinaldo Arenas fue editor asistente de la revista en aquellos dos primeros años… ¿Cómo lo recuerda en relación con la revista?Al principio todo fue bien. Habíamos trabajado juntos en La Habana como redactores de La Gaceta de Cuba, yo lo admiraba y respetaba y por eso lo invité a que fuese editor asistente de Linden Lane Magazine, tras advertirle que el poder de decisión estaría en manos sólo de Heberto y mío, pues de otro modo habría el riesgo de pelearnos.

Pero lamentablemente, Reinaldo Arenas era una persona espiritualmente enferma, lleno de odio. No hay más que ver los libros donde intentó burlarse de amigos y enemigos. Y yo, que puedo ser también explosiva si me provocan, respondí a su cizaña del único modo en que sabía, con un exabrupto, pues eso de enviar 200 cartas diciendo que él renunciaba a Linden Lane Magazine por discrepancias ideológicas, no sólo era una mentira, sino una canallada. Y como tal lo tomé.

En fin, que cuando la revista cumplió diez años, eso no fue impedimento para que a través de emisarios le pidiese colaboración, y él accedió. De lo cual me alegro, pues nada tengo contra él. Creo que nos perdonamos mutuamente. Al poco tiempo murió.

La memoria que prefiero guardar de él es la de aquella tarde en la cafetería de la UNEAC en que sorpresivamente me dijo: "Cada día te pareces más a Virginia Wolf. No sé si en su belleza o su locura". Y, aunque a algunos pudiera sonarle ofensivo, para mí fue un elogio extraordinario, y me gusta recordarlo así. Y luego como el visitante de mi casa en Princeton, viniendo a comprar shampoo Shaklee, que yo vendía, y que a él le encantaba en particular. Era muy presumido con su pelo y siempre llevaba un peine de esos de los afros para peinárselo.

¿Y de Heberto Padilla, cuál es su último recuerdo también en relación a 'Linden Lane Magazine'?
Bueno, publiqué un número dedicado a él cuando se cumplieron los 30 años de Fuera del juego, y otro tras su fallecimiento, como homenaje. Dos meses antes había venido a Fort Worth, a nuestra casa, y todavía lo recuerdo sentado en una silla en aquel edificio que yo había alquilado para la galería de La Casa Azul.

Estaba muy enfermo, pero aquella imagen de él viéndome a mí pintar de azul la puerta de La Casa Azul es un recuerdo muy vivo. Creo que, aunque no lo dijese, no le quedó dudas de que mis proyectos no habían sido una locura. Aprovechando su estancia en casa, lo invité a dar una conferencia en La Casa Azul. Fue la última de su vida. La tengo grabada.

Si hay alguien dispuesto a colaborar con su revista: ¿qué debe de hacer? ¿A dónde remitir sus trabajos? ¿Acepta todo tipo de colaboración?
Pues enviar sus colaboraciones a lindenlanemag@aol.com. Todo el mundo es bienvenido. Lo han sido siempre y no voy a variar. No hay dos orillas para mí, hay canallas en cualquier parte.

En su texto sobre su poemario 'La Mujer de Lot', ha escrito: 'La poesía es una expresión del alma, un elaborado juego de resonancias desde donde habla el espíritu creador'. Es usted una mujer que pinta, escribe, edita, diseña… Pero ¿qué es lo que más disfruta hacer como creadora?
Todo, amigo Ihos. Soy una géminis y como tal, muy creativa. Pero ya que me pregunta le diré que hacer cosas, escribir, vivir, cocinar, amar, y predicar la Palabra de Jesús, los Evangelios, llevar sanación al espíritu de los que sufren , es mi modo de vivir y ser feliz.

Hablar de Dios es la forma más excelsa de crear. Y como Dios es Amor, con mayúscula, quisiera también abrir pronto mi Casa de Fe, Esperanza y Amor.

¿Volvería a vivir en Princeton, New Jersey, en aquella calle en donde vivió usted con Heberto Padilla, y de la cual decidieron ponerle el mismo nombre a la revista: 'Linden Lane' (Callejón de los Tilos)? ¿Qué es lo que más nostalgia le trae del lugar?Volvería a vivir en Princeton, pueblo al que amo y amaré siempre. Allí vivimos muchos años, en tres casas, y no es cierto que Heberto hubiese dado clases en la Universidad de Princeton. Nada de eso, ni nos invitaban a los actos. Ni fuimos nunca del agrado del Departamento de Literatura Latinoamericana allí. Al contrario, creo que nos odiaban pues les habíamos echado a perder la luna de miel con la Revolución.

No obstante, amé y amo a Princeton por razones esotéricas, y viviendo allí escribí, entre otros, mi novela El tabú de Princeton, aún inédita. En Princeton dejé enterrados a mi madre, y en la casa de la calle Markham Rd., a mi querido e inolvidable John, un perro que vivió con nosotros también el año que estuvimos en España.

Si contara con los fondos suficientes, me compraría una casa en la calle Linden Lane y abriría allí La Casa Azul: Centro Cultural Cubano Heberto Padilla, con todos los archivos que conservo y los de Linden Lane Magazine.

Una última pregunta: ¿Continúan llamándola por teléfono hasta en altas horas de la noche para darle opiniones sobre su poesía? ¿Qué le dicen? ¿Qué les responde usted?Me llaman los lectores de mi columna quincenal en el periódico Panorama News de Fort Worth. Gente que no me conoce, gente que no tiene nada de intelectual, pero que se sienten felices leyendo, según expresan, esos artículos, donde ellos encuentran aliento para seguir adelante con sus vidas, la mayoría de las veces llenas de conflictos y pesadumbre. Sí, también han leído alguna que otra vez mi poesía, y muchas otras cosas, y me satisface ese contacto personal con gente tan vital, respetuosa y linda. Yo siempre los animo a que mantengan la fe, a que confíen en ellos, en la capacidad de embellecer la vida, y que no se olviden de depositar todos sus problemas en manos de Dios, de dejar que Él los guíe.

I.Hernández


*Entrevista publicada el 1 de noviembre del 2011 en: http://www.ddcuba.com/cultura/7849-no-paro-y-eso-me-hace-saltar-las-barreras-del-tiempo

(En la foto: Belkis Cuza Malé, junto a Heberto Padilla, 1973)

martes, 6 de septiembre de 2011

CARMEN KARIN ALDREY, DE SU POEMARIO "ACEITE" Y DE PALABRAS DE PRESENTACIÓN POR MARIA EUGENIA CASEIRO

(En la foto: Carmen Karin Aldrey)
El pasado jueves 25 de agosto, en la Alliance Francaise (618 SW 8 St. Miami, Florida) se presentó el poemario ACEITE (Editorial Linden Lane Press) de la escritora, poeta, y artista Carmen Karin Aldrey. Allí (véase fotos) las palabras de presentación estuvieron a cargo de la escritora María Eugenia Caseiro, autora de Nueve cuentos para recrear el café, libro que he reseñado para este blog, y quien esa tarde dijo, ante los asistentes a la cita literaria...
(...) Karín ha aderezado su libro con una exquisita mixtura de poemas e ilustraciones que recogen, sobre el encanto de su obra plástica, la necesidad de dar cabida al orden de la naturaleza en la dulzura y la entelequia de los sueños, y ha hecho, sobre todo, una excelente elección a la hora de titularla. Me comentaba un amigo escritor que el título no le parecía literario. Pienso, y eso respondí, que no puede haber título más literario que éste. El artista debe caminar a la par de su tiempo para no quedarse rezagado, pero en este caso, Karín fue más allá de lo literario, incluso de lo no literario y se aventuró en la profundidad de su tiempo y en la seriedad, que también comulga, ¿por qué no?, con lo literario a la hora de poner un broche espléndido a su trabajo, con un título que además de ser todo un símbolo que desborda en sugestividad, pareciera ceñirse al contenido del libro y a su vez excederlo en conjunción irreprochable, que establece especial y espacialmente, ese sello personal de nuestra autora.

(En al foto: Manny López -promotor de la actividad- de pie, y al fondo)

Por supuesto, esto es un fragmento de la presentación, que será publicada íntegramente en el próximo número de Linden Lane Magazine, revista editada por Belkis Cuza Malé, quien ha sido en parte responsable de que este libro haya salido a la luz:

http://www.magcloud.com/browse/issue/199626

He escogido ese fragmento para celebrar en este blog parte de esa labor que Belkis Cuza Malé ha estado haciendo a través de LINDEN LANE PRESS. Pero, además, para mostrar una parte de esas palabras dichas aquella tarde de jueves, en Miami, en que María Eugenia Caseiro presentaba el poemario de Carmen Karin Aldrey, en donde uno leerá:
hay una luz de sorprendente belleza
en la suave línea de tus ojos

la claridad se adentra en las sombras
de pronto nacen ideas
*

*versos que aparecen en la presentación a cargo de M.E.

(En la foto: María Eugenia Caseiro)

Carmen Karin Aldrey. (Central Preston, Provincia de Holguín, Cuba, 1950). Artista, escritora, poeta, promotora cultural y aficionada a la Fotografía. Estudió Pintura en los talleres de Maja Design con el maestro ecuatoriano Antonio Jurado, en la Ciudad de Los Angeles. Ha publicado poesía, narrativa y trabajos periodísticos en diferentes espacios impresos y electrónicos. Su obra plástica ha sido expuesta en galerías de Estados Unidos y España. Es fundadora, directora y diseñadora de La Peregrina Magazine.

María Eugenia Caseiro. Narradora y poeta cubana. Miembro de la Unión de Escritores y Artistas del Caribe, de la Unión Hispanoamericana de Escritoresla, de la Asociación Caribeña de de Estudios del Caribe y Miembro Colaborador de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (ANLE). Integra la Muestra Permanente de Poesía Siglo XXI de la Asociación Prometeo de Poesía y el Consejo Editorial de La Peregrina Magazín (Miami, USA).

(fotos que acompañan este post: Marta Ramos)

lunes, 18 de julio de 2011

«VIVIR DE LA IDEA Y DEL OFICIO» (Entrevista al poeta cubano Sigfredo Ariel)

Hallar nuevas formas de concebir la poesía conduce a descubrir nuevas voces, nuevas lecturas entre los consagrados, los conocidos, nuestros contemporáneos; esos que, a lo largo de estos años, han estado cerca por elección propia y se han quedado de algún modo en nuestra lista de poetas (cubanos) preferidos por diversas razones. Pudiera nombrar ahora mismo algunos que, liados por el verso más cabal y persistente, estarán dándole forma y espíritu a la literatura que surge en (y desde) la Isla, independientemente del toque lírico más directo, cotidiano, coloquial, o subjetivo.

Pudiera mencionar algunos (nombres) que siempre estarán en esa lista (indiscutible) a pesar de las diferencias de estilo o región donde se habite. Hay varios nombres que saltan inmediatamente si alguien pregunta ahora mismo por los que han ido labrado ese camino de versos y metáforas. Tal y como, a mi modo de ver, ocurre con el del autor de los poemarios Algunos pocos conocidos (1987), Hotel Central (1998), y Born in Santa Clara (2006), entre otros títulos que, como a tantos lectores, nos ha permitido llegar hasta notar ese dominio con que combina lo cotidiano, lo sensorial, lo lírico.

Me refiero a Sigfredo Ariel (Santa Clara, 1962) quien, además, ha tenido que ver con el guión de la película Miradas (2000), Premio de guión inédito en el Festival de Nuevo Cine Latinoamericano de la Habana; y con diversos programas de radio en la capital habanera; también ha sido asesor musical de la película Buena Vista Social Club (1998), productor de discos de música tradicional cubana, y hasta director, en su momento, de la Revista de Música Cubana de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). Por lo que, me pregunto y por lo tanto, pregunto al propio poeta:

¿Detrás de tanta acción, qué es lo que predomina más en Sigfredo Ariel, y por qué?
Detrás de todo eso está el mismo tipo sentado ante una página en blanco para narrar lo que siente, recordar lo que sintió o intentar descifrar lo que le rodea. Está una cierta manera de ver las cosas, claro, pero que ni él mismo podría describir muy bien. ¿Qué predomina? Bueno, en el desorden, un esfuerzo por meter el idioma en cintura a ver si logra expresar con alguna buena suerte lo que pasa o está en la cabeza, más claro, más oscuro. Cambian los lenguajes, los propósitos, los temas, pero mi bronca constante es con el idioma español.

Me cuentas que acabas de terminar un nuevo libro, que has titulado: “Objeto Social”. Poemario escrito a petición de la editorial de Santa Clara: Sed de Belleza. ¿Podrías contarnos de este proyecto en el que has estado trabajando?
Yo había escrito algunos poemas en los cuales la realidad social -tal vez mejor sería decir el ejercicio social- aparece de manera bastante clara, y quería agruparlos con ese título, que tiene para mí divertida resonancia burocrática. En una fiesta en Caibarién, Isaily Pérez, joven escritora, estoy seguro que de las mejores poetas de su generación, me pidió un cuaderno para esa editorial que ella ahora dirige. Me gustó la idea, me halagó mucho y “me aproveché” de la invitación. Comencé no sólo a trabajar en los textos, sino a complicar la cuestión con elementos gráficos que –pretendo– dialogarán con los contenidos, o jugarán con ellos desde el contraste. Algunos trabajos de “Objeto social” se han publicado por ahí, en antologías y revistas, pero creo que van a ir mejor en el libro, con el divertimento gráfico.

¿Algún otro proyecto sobre música, ensayos artículos, o poesía?
Quiero reunir en un libro textos relacionados con la música cubana y en otro volumen, páginas que he ido acumulando sobre escritores, músicos, libros y otros temas. Preparo un nuevo libro de poemas al cual nombraré “Morirás como un perro en Singapur o Recreos para la burocracia” que tendrá un trabajo gráfico aún mayor que “Objeto Social”. No sé quién querrá publicarlo.

¿Cómo defines tu poesía más allá de lo coloquial que hallamos los fieles seguidores de la poesía actual cubana?
Me cuesta imaginarme algo que se llame “mi poesía”. Cuando enfrenté a mi antología de Ediciones Unión me sentí extraño, como un intruso en lugares ajenos. Creo que lo que he escrito no es de lo peor que ha producido mi generación, sin falsa modestia, pero carezco de visión de conjunto para definirlo. Supongo que en mis libros he logrado alguna coherencia, ojalá no haya remachado demasiado sobre el mismo yunque.

¿Existe algún poeta dentro de la Isla que te haya marcado o influenciado? Y ¿fuera de Cuba? ¿Y hasta que punto has sentido esos influjos?
Llevo trazas (o memorias, mejor) de poetas y poemas, casi los mismos, desde hace muchos años: el gran Martí de los versos libres, por ejemplo. Soy siempre lector feliz de Rubén Darío, de José Emilio Pacheco, de Mariano Brull, y de Gabriela Mistral desde mi adolescencia, y también de poetas mínimos que se recuerdan por una letra de canción, si acaso. Me gustan mucho, sinceramente, los poetas cubanos de mi edad.

¿Crees que para leer, o entender la poesía, aunque muchas veces sea coloquial como la que haces, hay que saber leerla para entenderla? ¿Cómo valoras al, digamos, “buen lector” de poesía?
He comprobado muchas veces que un poema puede colocar a alguien en el camino de la poesía, casi por accidente. En mi caso fue un pequeño libro de Agustín Acosta, del sello Bruguera, editorial que publicaba también las novelitas de Corín Tellado.

A mi padre le gustaba que leyera para él, en voz alta, interminables tiradas de “La Agricultura en la Zona Tórrida” de Andrés Bello, ejemplo de poema que aunque está escrito en claro castellano se deja de entender o deja de interesar en un punto del camino por borrachera de palabras o puro aburrimiento. Dios me perdone.

No me interesa la pirotecnia experimental ni los poemas en cazuela para agradar a otros poetas, mucho menos para congraciarse con la crítica holgazana que automáticamente se pone a hablar de madureces y renovaciones.

Un lector ideal de poesía podría ser quien tenga tan “buena boca” que entienda y disfrute todo lo que es o que se declare poesía. No creo que exista tal espécimen. He tenido la suerte de que personas que no leen (o no habían leído) poesía me hayan escrito, o se hayan acercado a mí por un texto, por un libro mío que han abierto por casualidad. Eso es mucho más de lo que yo aspiraba.

Siento una especie de responsabilidad con ese tipo de lector que un buen día cae en el jamo y descubre que un poema no es necesariamente un artefacto que emite señales inextricables, sino que expresa algo que al lector le interesa o le puede servir de algo. La poesía no tiene por qué ser odiosa ni tan altiva que sólo piense en lo literario. Eso lo aprendí con los años, y no sin golpe. Pero es más complicado.

Todo el mundo (lector habitual de poesía o no) se encanta con “Una oscura pradera me convida”, de Lezama, en la cual no hay nada qué entender, sin embargo me dicen “no comprendí media palabra” sobre páginas que yo creí haber compuesto para que todo el mundo entendiera. Lo que no falla es que, en poesía, como en muchas otras cuestiones, lo bueno es bueno.

De tus libros publicados hasta hoy, ¿cuál es el preferido y por qué?
Creo que en “El enorme verano” (1996) hay buenas páginas mías aunque es uno de mis libros más desventurados. Lo organicé mal y lo hice confuso. Hacía diez años que no publicaba. El libro salió en días de la extensa crisis que ahora llaman “los peores años del periodo especial” y lo vendieron en dólares, para colmo. Estuve años desentendido de “El enorme verano”, pero ya se me está pasando. También me cae mejor ahora el tipo que lo escribió.

Has recibido los premios nacionales de poesía: David (1986), tu primer premio; también el Premio Abril (1990); el Pinos Nuevos (1995); el Nicolás Guillén (2002); en dos oportunidades has sido galardonado por el Caimán Barbudo (1985 y 1988) y el Julián del Casal (1997 y 2004), entre otros. ¿Hasta dónde valoras ser un bardo premiado? ¿Crees que los premios conducen directo a la fama?, aunque el poeta, en general, no persigue la fama, ¿o me equivoco?
Los premios me han dado algún dinero, gracias a lo cual pude vivir por temporadas con menos desasosiego. He podido viajar a algunos países, también he conocido y hecho amistad con valiosos seres humanos, artistas o no, gracias a los premios. Fuera de esa relación utilitaria, premios y poesía no tienen nada qué ver. Ser más o menos conocido trae algunas ventajas en el orden doméstico-literario, en ningún otro campo. He observado que quienes toman más en serio los premios y “el figurao” son quienes menos leen o interesan tus textos. Es un buen ejercicio ver en los periódicos que el premio que ganaste el año pasado lo recibió hoy mismo un poeta que consideras pésimo.

¿Existen palabras recurrentes, o preferidas a la hora de hacer tu poesía?
Sí, muchas. Y tengo que estar en guardia permanente frente a esas “palabras recurrentes”: los adverbios de modo, por ejemplo, y ciertos sustantivos que no voy a nombrar (faltaba más), pero que al menor descuido se cuelan en otro poema. Como de un tiempo a esta parte tengo la tendencia de utilizar giros coloquiales en mi poesía, estoy atento para evitar su repetición. Las “palabras preferidas” y los recursos de estilo usados como fórmulas suelen ser mugre en la poesía. Hay buenos poemas de algunos autores fabricados a través del atrezzo o el truco. Nadie dijo que este oficio es por entero inocente.

¿Hay algún tema en especial por el que te sientas identificado, atraído, que ya hayas tocado en tu poesía, o aún estás por abordar?
Desde mi primer libro vuelvo a dos o tres temas: la vida en Cuba, cambiante, siempre difícil; su rara actualidad y su pasado como elementos de la imaginación (la memoria ajena).

He escrito muchos textos que aluden a la relación de pareja, por cierto no todos autobiográficos. Una constante: el uso de referencias a la música popular, casi siempre antigua, cubana o americana.

Mi viejo y buen amigo Antonio José Ponte publicó en La Habana Elegante unas páginas sobre mi poesía que me explicaron o aclararon algunas cosas de mi trabajo que yo no tenia claras en absoluto. Su texto me alumbró y me halagó. Si algún día me sintiera desanimado con “mi faena poética” iré a esos párrafos de Ponte para levantar la moral y seguir adelante.

Sí tengo una aspiración: me gustaría, más que poder abordar un tema determinado, conseguir una lengua cada vez más jovial, más ligera, para decir las cosas.

¿Qué necesitas para crear, para plagar con palabras la página virgen? ¿Tienes algún sitio o método en especial que prefieras para escribir poesía?
Llega la idea de un poema, casi siempre, en forma de una línea o un “tono”, nada más. Si estás muerto de sueño tras un día de trabajo o de torturas hogareñas y no te levantas a apuntar esa línea, la perdiste. Si la recuerdas mañana, ya no servirá.

Cuando lo que llega es el “tono” es peor, pues hay que interrogarlo muchas veces hasta encontrarle su contenido. A veces parece que llega todo el poema de un tirón (con zonas que claro, tendrás que cercenar) y puedes pasar horas con el lapicero dando contra el papel. No sé si a esto es lo que los antiguos llamaban inspiración.

Sé que la poesía lo busca a uno, a cualquier hora, estés con quien estés y donde estés. Es un estado de alegría, también, de sobrexcitación, si quieres. También de inconsciencia, me parece a mí. Yo reviso mucho, sobre-escribo, cambio cosas hasta última hora. En días de revisión (que son también de escritura) me enclaustro y vivo la quimera de la total concentración. Así es como a menudo “desgracio” textos por poda excesiva o por injertos malogrados.

Un poema fallido es peor que un poema malo. Es dramático verlo cojear, advertir cuánto le falta o le sobra.

¿Si te dieran a escoger entre Santa Clara y La Habana cuál preferirías?
En el año 99 pensé “quedarme” en Montreal. En esa idea tal vez haya intervenido, como publicidad indirecta, los libros y canciones de Leonard Cohen, a quien leía y escuchaba con entregado fervor por aquella época. A inicios de este siglo (vaya frase) pasó por mi cabeza irme a vivir a Santo Domingo. Alguna vez soñé trasladarme a Cádiz, por un tiempo, y en un momento de crisis personal me pareció que todos mis males los podría curar el pueblecito costero de Gibara, en Holguín. Como ves, siempre ha estado el mar como destino. Qué curioso. Los del centro de la isla necesitamos vivir cerca del mar, en eso coincidimos muchos amigos que hace tiempo ahuecamos el ala de Santa Clara (ciudad sin mar / lejos del mar).

Santa Clara es para mí un state of mind, como dice la canción. En un poema dije sobre ella: “parva ciudad / la única en que existo”. Me refería a cierto misterio que compartimos la gente de allá que nos asemeja y nos hace familiares, estemos donde estemos, vivamos donde vivamos. La Habana es la ciudad que he comprendido mejor para vivir, hasta ahora. Desde niño supe que viviría aquí.

Y del cine, después de la película Miradas, de Enrique Álvarez, ¿no ha surgido algún nuevo guión, alguna sinopsis atrapada en apuntes?
Kiki [Enrique] Álvarez había ideado el argumento de esa película. Yo trabajé en su desarrollo, en la estructura dramática, la redacción de diálogos en las distintas etapas por las cuales pasa un guión de cine. Miradas navegó con mucha suerte, ganamos una beca en Holanda mientras la escribíamos y recibimos el premio de mejor guión del Festival de Nuevo Cine de La Habana. Después he trabajado en guiones de otras películas, a veces con crédito, pero a menudo como mano negra del guionista. He estado detrás de algunas producciones audiovisuales referidas a la música popular cubana, entre ellas Bailar para vivir, de Manuel Gutiérrez Aragón y más reciente, en un estupendo documental sobre los 500 años de la ciudad de Baracoa que ha filmado Mauricio Vicent.

No tengo boceto de argumento propio ni apunte de sinopsis esperando en un cajón del escritorio. Tal vez “no tenga pa’ eso”, y lo digo con cierta melancolía. Qué le vamos a hacer. En realidad, lo mejor que he hecho en los medios audiovisuales o en el periodismo ha salido por encargo. No tengo nada en contra de los trabajos por encargo.

¿Qué programas realizas para Radio Ciudad de la Habana? ¿Desde cuándo trabajas para Radio Ciudad...?
Comencé a trabajar allí en 1985. A finales de esa década la emisora [Radio Ciudad de la Habana] se había convertido en centro de reunión de jóvenes escritores, periodistas, humoristas, actores y músicos. A pesar de que le advirtieron del peligro que corría, la directora de entonces dio trabajo en esa estación a muchos jóvenes escritores –Ramón Fernández-Larrea, Alberto Rodríguez-Tosca, Eduardo del Llano–, músicos –Frank Delgado, Iván Latour–, actores –Ulises Toirac, Luis Alberto García, Wendy Guerra–, periodistas –Camilo Egaña, Joel Valdés y Edmundo García– quienes, sin formar un grupo estético homogéneo ni mucho menos, refrescaron el chato ambiente de la radiodifusión habanera con inteligencia y desinhibición en unos años tétricos (inicios de la década de 1990).

Trabajé en muchos programas musicales de diferente corte, en el diseño de la programación, en la sonoridad de la emisora –jingles, publicidad, mensajes–, y escribiendo y dirigiendo series mitad didácticas, mitad humorísticas dedicadas a los niños (La esposa del murciélago; Quiero hablar contigo).

Suspicacias y prejuicios de las autoridades políticas hicieron abortar aquella experiencia cuando encontraba su mejor momento profesional. Fui el primero en llegar y el último en irse de los de aquel grupo. Para entonces nada quedaba, salvo algunos títulos de programa y un slogan que hace tiempo carece de sentido: Radio Ciudad, la diferencia.

¿En Cuba te reconocen, o te identifican mejor en la calle, cómo el realizador radial o el poeta?
Pienso que tener un nombre poco común ayuda a la gente a que lo memorice. Aunque no soy el menos conocido de los poetas cubanos, me da mucho gusto que un profesional en cualquier parte de la isla o en otro país me diga “claro, nosotros oíamos sus programas de radio cuando estudiaba en La Habana”, también hay quien recuerda “La hora de las brujas”, disparatado programa de televisión que creé a inicios de la década del 90 que permaneció varios años en el aire, o Los grandes todos, un programa radial diario de música tradicional cubana, o a través de muchas notas y diseños que he hecho para cassettes y discos compactos.

Algunos colegas escritores se burlan de mí por mi adeudo por el son montuno, la guaracha y el mambo. Lo hacen a mis espaldas, por supuesto, eso me importa un pito, ellos se lo pierden.

¿Qué esperas suceda con Sigfredo Ariel: el escritor, el guionista, el asesor y productor musical, el director de programas radiales y, sobre todo, el poeta?Creo que ese es uno de los contenidos que más ha frecuentado y frecuentará mi poesía es la actual y total incertidumbre ante el mañana. No el mañana como abstracción, sino frente al “mañana mismo”, no sólo personal, sino colectivo. Es una intranquilidad nacional de las más hondas. Mucho de ese desorientado desconocimiento se metió en mi nuevo libro, porque está en la atmósfera del país, en todo el que conozco.

Hay una breve página en El enorme verano con mi nombre que termina con una simple aspiración que viene a cuento ahora, me parece a mí, y que hasta el momento continúa siendo eso, en lo esencial, un empeño irrealizado:
y que no pase el tiempo acumulado
para amar unos ojos y tenerlos
y vivir de la idea y el oficio
.

(Ihosvany Hernández, verano del 2011)
entrevista  publicada en la revista Cañasanta: http://www.canasanta.com/entrevistas/entrevista-al-poeta-cubano-sigfredo-ariel-0000001.html
(Fotos de Sigfredo Ariel, por Eddie Mayo)
DEL ENTREVISTADO:
Sigfredo Ariel (Santa Clara, 1962), ha publicado los libros de poesía: Algunos pocos conocidos (Editorial Unión, 1987) Premio David, 1986; El enorme verano (Editorial Abril, 1995) Premio Pinos Nuevos; El cielo imaginario (Ediciones Vigía, Matanzas, 1996); Hotel Central (Editorial Unión, 1998) Premio Nacional de Poesía Julián del Casal; Los peces & La vida tropical (Editorial Letras Cubanas, 2000); Manos de obra (Editorial Letras Cubanas, 2002) Premio Nicolás Guillén, 2002; Born in Santa Clara, Ediciones Unión, 2006 y 2007 (Premio UNEAC de Poesía “Julián del Casal” 2005, y Premio Nacional de la Crítica 2006), entre otros. Además, ha recibido los premios de poesía El Caimán Barbudo (1985 y 1988), La Gaceta de Cuba (1995), y el Premio Abril (1990), el Premio Internacional ULCRA del Audiovisual Latinoamericano (México D.F., 1990), entre otros. Asesoró la película Buena Vista Social Club (1998). Ha producido discos de música tradicional y popular cubanas para numerosas firmas disqueras internacionales. Poemas suyos han sido traducidos al inglés, alemán, ruso, italiano y francés. Aparece en numerosas muestras y antologías de la poesía cubana contemporánea.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

SILUETAS

anochece
una fábrica de silencios siembra tu bosque
eres sombra de mundo destinado a lucir su invierno
el año de pensar se ha ido a pernoctar en su arrogancia

en tu soledad
hombre pérfido
callar fue el espejismo
entender el bosque es lo humanamente detenido
en la demorada muchedumbre
cansancio de ser
una sombra que hiende en esa desvirtuada parsimonia que deseas
para embestir tanta plática.

anochece
y un fábrica de aullidos te hace de bosque
silueta de hierba y légamo
hombre de aquel Prometeo moldeando las fauces para obtener
lo que esperas
la voz nocturna para celebrar
lo humanamente predecible
lo letal y lo loable
puestos a recaudo en el verso que ahora dictas
desde tu noche trocada en esta evocación
irreconocible y tácita.




I.Hernández
Montreal, 2009

viernes, 7 de mayo de 2010

PRETEXTO DEL ANIMAL

llevo años sin pensar
sólo te dibujo en mi absorto aislamiento
avizorando
la necesidad de otra mano cuando
todo depende ciertamente de ti
y desconoces del rito que nos unirá
al trazar la curva insolente que tu cuerpo
impone en cada estancia
como un aullido ahogándose en mis ojos
como un perfecto estado donde aunar la lírica
a esa voz que me turba hasta la mudez
razones inequívocas que dicen / ilusamente
profetizar los siglos por venir
el pan que tendremos para salvarnos
antes que otra religión instaure un anónimo ídolo
semejante al nuestro
idéntico a ti
pretexto que exploro por el vórtice de estos años
sin diálogo
salvándome en la rutina del dibujo
del enmascaramiento
del juego de vestir otra piel
como si fuéramos animal sin caza
caza sin acechador.


poema escrito en 2009