martes, 15 de julio de 2014

Xosé, el poeta del Gran Sol


POR:  Santiago de Compostela /7 Julio 2014.   TOMADO DE EL PAÍS
Xosé Iglesias es el patrón del barco de bajura Primero Villar. Cada día se levanta a las 3,30 horas de la madrugada y enfila el rumbo desde el puerto coruñés de Oza hacia algún caladero donde ganarse el pan de cada día. “Lo de ganarse el pan es un decir, porque si vieras lo que pescamos hoy es para echarse a llorar, pero así es el mar y últimamente las corrientes están muy revueltas”, explica llegando a puerto en este barco que compró hace una década con los ahorros de lo que había ganado embarcado en el Gran Sol. En el Primero Villar, un barco de nueve metros de eslora, lo acompaña desde hace cuatro años Hassane Diop, un muchacho senegalés de 24 años que carga con la historia cruel que se repite en cientos de subsaharianos: llegó con su padre en una patera y acabó en un centro de acogida hasta que le dieron una oportunidad para trabajar en el mar.
Pero este no es el inicio de una historia de miserias y tragedias sino que pretende ser una historia sobre la vida de un poeta. Un poeta y un marinero reivindicativo que en el año 2011 se hizo célebre con un vídeo en youtube donde se veía obligado a tirar al mar varias cajas de xarda, al tiempo que protestaba con rabia contra la marginación de Galicia en las cuotas pesqueras que establece la Unión Europea. El vídeo rápidamente se expandió por las redes y los internautas pudieron descubrir un interesante marinero con un canal propio en youtube con más de un centenar de grabaciones suyas, que recitaba con tono épico poemas en alta mar, emitiendo sonidos con una caracola y con su compañero senegalés Hassane como operador de cámara en el móvil.
La vida del poeta y marinero Xosé Iglesias (Cee,1974) está marcada por el mar y sobre todo por su paso por el Gran Sol. Allí estuvo embarcado cerca de cuatro años en el “Troita” y allí vivió historias de tempestades y naufragios de compañeros sobre las que prefiere pasar página. En el noroeste de Escocia, en la temible y misteriosa roca de Rockall, una piedra en medio del océano a seis días navegando desde A Coruña, supo lo que era el respeto por el mar. “Allí se registró una ola de treinta metros de altura, la mayor ola jamás medida desde un barco”, explica Iglesias para contextualizar esta temible zona. En los largos días del Gran Sol, que evocan aquellos días narrados por Ignacio Aldecoa en la magnífica novela del mismo nombre, se desarrollaba también internamente su vena poética que ya arrastraba desde chaval y por la que fue premiado en algunos certámenes infantiles. Es ahí donde empieza a germinar “Transfusión Oceánica”, (Editorial Caldeirón), su primer poemario que estos días acaba de llegar a las librerías.
“El título del libro y lo que quiero plasmar en los poemas se podría explicar a diario cuando llego al puerto de Oza y veo a los viejos lobos de mar con esa mirada nostálgica perdida en el horizonte”, dice Iglesias para tratar de explicar ese sentimiento. En todos esos marineros jubilados que pasean entre las redes del puerto oteando el mar, detectó algo especial este poeta marinero: “el océano los marcó y penetró en su interior, provocando lo que llamo `transfusión oceánica’”.
A Iglesias le fascinan los lobos de mar, tanto el término como la vida interior de esos viejos marineros. Esa fascinación y esa sensibilidad fue captada por ese avispado zahorí de historias que es el músico y escritor Xurxo Souto. “Xosé no escribe del mar. Al revés, es el océano quien lo conforma y define las siluetas de su ser”, escribe Souto en el bonito prólogo del libro, en el que define estos versos como “poemas en los que el Atlántico explota en los ojos”.
Hace tres años que Souto conoció a Xosé Iglesias en un taller literario y desde entonces lo alentó para que aflorase el poeta que llevaba dentro, durmiente desde hace años. Después, el también poeta Paco Souto fue el que impulsó la edición de este libro de 36 poemas en la Editorial Caldeirón.
Cada día, después de regresar de faenar entre fanecas y salmonetes, Iglesias llegaba a casa y cincelaba estos versos que están tatuados de salitre y que evocan en muchos casos el universo poético del gran Manuel Antonio. En ese mundo de sextantes, rosas de los vientos e isobaras, reducido a una superficie que va de proa a popa, emergen los versos de Xosé Iglesias. Son versos de lucha, de las adversidades del mar y de las contradicciones de sentirse libre navegando, como comienza el titulado “Nove metros”, justo las medidas de su barco: “Merquei nove metros de liberdade / a cambio de ser escravo do mar”. Como le gusta decir a su autor, “son poemas hechos desde el océano”.
Despúes de cenar, Xosé hace y rehace sus poemas, pero sin muchos despistes horarios. Al día siguiente, a las 3,30 de la madrugada tiene que poner el Primero Villar en marcha. Saldrá unas doce horas a faenar, y aunque ahora no sea al Gran Sol ni a la inhóspita roca de Rockall, el respeto por el mar es el mismo. “Eso no cambia, lo único es que tal y como está todo casi volvemos a puerto con más poemas que pescado”, ironiza el poeta marinero. Por si acaso, Hassane Diob, el marinero camarógrafo, siempre tiene su móvil a punto en el barco para que el mundo pueda acceder a la épica de los versos de Xosé, el poeta que se forjó en el Gran Sol.

En la foto de El País: Xosé Iglesias, en su barco con su primer poemario. / GABRIEL TIZÓN

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